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Al pasar por la entrada del Parque de San
Pedro, regresando de la playa do Portiño, entre la niebla que
había bajado comenzó a mezclarse un humo negro, y de
pronto resplandecieron las llamas, brillantes. El coche quedó envuelto en
en una nube, todo sucedía a pocos metros. La humareda era cada vez más intensa,
no veía nada, tuve que parar el coche y entonces oí voces de angustia.
Fueron parando algunos otros coches y bajamos preguntándonos
unos a otros que pasaría. De la cortina de humo salió quien daba las voces, una
anciana temblorosa, agarrada a su nieto
- ímolo perder todo, ímolo
perder todo! No, abuela, no
y lloraba también. Y ladraba histérica una perra bóxer que
traía sujeta. Me acerqué con la intención de ayudar a andar a la anciana, y
detrás asomó una mujer a la carrera:
- mi
padre, mi padre no quiere salir!
les grita al niño y a la anciana:
- más de
prisa, más de prisa!. Eu non podo andar máis, non podo, non
podo
Un hombre que había parado el coche detrás del mío
siguió a la mujer, y desaparecieron entre el humo. Al ratito regresaron
sosteniendo a un anciano flaco que andaba con un trotar ridículo y
asustado.Todos nos mirábamos a los ojos. Yo veía angustia y miedo. No sé lo que
verían en los míos.Llegó la policía municipal y protección civil, cortaron la
carretera, pero aun faltaba por salir de entre el humo un coche, tiznado
por el humo negro. El conductor se bajó y ayudó a la anciana, a quien conocía,
a subir a su coche... Ese hombre tenía la cara negra con
surcos, de haber llorado. Miró fijamente al adolescente.
-El perro
del tapicero estaba atado y murió abrasado.
Los que estábamos allí de espectadores llorábamos
y sorbíamos los mocos.No conocíamos al perro del tapicero. Pobre perro del
tapicero, qué terror habrá sentido.
Aumentó la confusión con las sirenas de bomberos,
las voces. A pocos metros otro perro ladraba, lloraba. También estaba
atado en el interior del patio de una casa en la que no había nadie
en ese momento. Las llamas estaban ya como a dos o tres metros de la casa.
El camión de bomberos atacaba el fuego con una manguera ridícula. Todos
comenzamos a gritar
- el perro,
el perro!
pero los bomberos con sus caras tiznadas y sus trajes
amarillo-negruzcos no nos hacían caso. Un hombre intentó acercarse a
la casa y saltar la verja para sacar al perro pero se le cruzó un policía
- por favor, échese
atrás!
Y nos mandaron marchar de malos modos. Yo me alejé
en mi coche, no veía bien, no sé si por el humo, o por las lágrimas
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