sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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el perro del tapicero

Publicado en 10 de Agosto, 2005, 17:34. en ¿Y POR QUÉ ME CUENTAS TU VIDA?.
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Al pasar por la entrada del Parque de San Pedro, regresando de la playa do Portiño, entre la niebla que había bajado comenzó a mezclarse un humo negro, y de pronto resplandecieron las llamas, brillantes. El coche quedó envuelto en en una nube, todo sucedía a pocos metros. La humareda era cada vez más intensa, no veía nada, tuve que parar el coche y entonces oí voces de angustia. Fueron parando algunos otros coches y bajamos preguntándonos unos a otros que pasaría. De la cortina de humo salió quien daba las voces, una anciana temblorosa, agarrada a su nieto

 - ímolo perder todo, ímolo perder todo! No, abuela, no

y lloraba también. Y ladraba histérica una perra bóxer que traía sujeta. Me acerqué con la intención de ayudar a andar a la anciana, y detrás asomó una mujer a la carrera:

- mi padre, mi padre no quiere salir! 

les grita al niño y a la anciana:

- más de prisa, más de prisa!. Eu non podo andar máis, non podo, non podo

Un hombre que había parado el coche detrás del mío siguió a la mujer, y desaparecieron entre el humo. Al ratito regresaron sosteniendo a un anciano flaco que andaba con un trotar ridículo y asustado.Todos nos mirábamos a los ojos. Yo veía angustia y miedo. No sé lo que verían en los míos.Llegó la policía municipal y protección civil, cortaron la carretera, pero aun faltaba por salir de entre el humo un coche, tiznado por el humo negro. El conductor se bajó y ayudó a la anciana, a quien conocía, a subir a su coche... Ese  hombre tenía la cara negra con surcos, de haber llorado. Miró fijamente al adolescente. 

-El perro del tapicero estaba atado y murió abrasado.

Los  que estábamos allí de espectadores llorábamos y sorbíamos los mocos.No conocíamos al perro del tapicero. Pobre perro del tapicero, qué terror habrá sentido.

Aumentó la confusión con las sirenas de bomberos, las voces. A pocos metros otro perro ladraba, lloraba. También estaba atado en el interior del patio de una casa en la que no había nadie en ese momento. Las llamas estaban ya como a dos o tres metros de la casa. El camión de bomberos atacaba el fuego con una manguera ridícula. Todos comenzamos a gritar

- el perro, el perro!

pero los bomberos con sus caras tiznadas y sus trajes amarillo-negruzcos  no nos hacían caso. Un hombre intentó acercarse a la casa y saltar la verja para sacar al perro pero se le cruzó un policía

- por favor, échese atrás!

Y nos mandaron marchar de malos modos. Yo me alejé en mi coche, no veía bien, no sé si por el humo, o por las lágrimas