Chove en Galicia.
y los aspersores delante de mi ventana funcionando.
y me espantaron a los gorriones que me alegraban la vista con sus simpáticos saltitos.
Sigo mirando los expedientes de adopciones de los años 40-60, que envuelven en capas de polvo y ácaros sus tristes historias. Muchos de los protagonistas ya no están y es como si sus dramas jamás hubiesen existido.
Bebo agua para refrescar mi garganta reseca, trato de olvidar el latir doloroso de mis sienes, mientras pienso qué haré mi ya próxima semana de vacaciones.