Me he despertado igual que todas las mañanas desde hace más de un mes ya: pensando en el esfuerzo que me espera para superar el día sin hundirme del todo en el desánimo y la tristeza.
Pero hoy estuve al borde de un ataque de ansiedad, mi corazón latiendo desbordado, llena de angustia y lágrimas que salían sin llorar,y notando que al instante siguiente podría explotar y desbordarme para siempre, sin marcha atras.
Me asusté, pero no quería telefonear a mi hijo ni a mi familia, por no preocuparles. Hablaba por teléfono con mi mejor amiga, y lo que esperaba que fuera un bálsamo, una ayuda para recuperar la calma, se convirtió en la convicción de que en el dolor uno siempre está solo. Ya no quiero llamar a amigos ni familia... presiento que cualquier llamada me confirmaría que, realmente, a cada uno solo le importa lo suyo.
Estoy usando este teclado como un desahogo, va dirigido a la nada. Aunque sé que mucha gente en algún momento se ha sentido así. También sé que las depresiones, o las neurosis pasan, y luego cuando oyes en otras personas tus propias expresiones, conoces lo que está pasando, y con una triste sonrisa interior sabes que no hay palabras para decir.
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Envío mi hermandad como ser humano a todos los hermanos y hermanas que sufren.
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No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos ateridos, muriéndome de pena.
Esta escultura está en el Parque de Santa Margarita, en Coruña. No sé quien es el autor. Ni lo que quiso expresar.
Hace más de 20 años que la ví la primera vez, y me impactó. Paseo muy frecuentemente por el parque, pero procuro no mirarla. Porque me sigue produciendo tristeza.
Quizá en esta foto no se aprecian bien las figuras: hace viento, (se nota en las ropas), pero el hombre va desabrigado. Rodea a la mujer con su brazo protector. Caminan con dificultad y él se apoya en un bastón. Los nudillos deformes. Los rostros arrugados.
¿Huyen? ¿A donde van?
Vienen de seguir un largo camino de a dos, de compartir pérdidas, seres queridos que cuando se van nos dejan con el corazón vacío y las manos llenas de afectos.
Sé que la angustia, el miedo, la tristeza no son más de los viejos que del resto de las personas -solo tengo que mirarme a mí misma-
Pero cuando me pongo frente a esa escultura, y siento esa congoja, pienso que hay algo que tengo sin hacer:
Aprender a vivir, aprender a envejecer, aprender a morir.
El poeta RANIER MARIA RILKE(1.875-1.926), Visitó Ronda en 1913, y escribió:
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"Todo aparece apiñado, elevado en el aire transparente y expuesto ante el juicio perpetuo de un vasto círculo de montañas, unas de más edad que las otras. No hay cosa más inesperada en el mundo que esta ciudad española, salvaje y montañesa..."
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Este es el Puente Nuevo (siglo XVIII) que une las dos partes de la ciudad:
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En la parte histórica, teníamos nuestro hotel "Jardin de la muralla", efectivamente los jardines verdes del hotel, con árboles frutales (cerezos, nísperos, manzanos...) con fuentes y piscina y los cantos de los pájaros eran un verdadero paraíso en los dias calurosos que nos tocaron...
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Ronda desde el jardin del hotel:
La primera noche en Ronda fue muy calurosa. En una placita rodeada de restaurantes con terracitas cenamos algo... al aire templadito... el cielo azul añil contrastaba con el blanco y albero de las casas... bandadas de golondrinas bailaban dibujando sus siluetas contra el cielo mientras la noche caía sobre la ciudad.
Ese momento fué uno de los que quise captar para no olvidar nunca.
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Al otro dia tempranito paseamos por donde está el Puente Nuevo sobre el Tajo de Ronda, un paisaje espectacular, da tanto vértigo mirar abajo, que suben hormiguitas por los pies y se te encoge el estómago... (no suficiente para que te quite el hambre)...
.un paseo muy agradable por la alameda...
Allí me llamó la atención un camino bordeado de arbolitos, cada uno de ellos con una placa y un nombre: el nombre de un niño que había nacido el mismo día que plantaron el árbol.
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Visitamos la plaza de Toros, con su museo, donde viene toda la historia del toreo en Ronda.
Yo no soy aficionada a los toros, más bien pienso que se debería cambiar la fiesta y no matar al toro... pero en fin, es una costumbre y tradición ancestral y no podía dejar de admirar las láminas pintadas por Goya, mirar con un poco de repelus -bastante- los trajes de los toreros cuyos nombres figuraban en los antiguos carteles...
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Visitamos la plaza, me metí en los burladeros ("burlaeros"), en las gradas... hacía tanto calor... un dia tan luminoso... otra vez el color amarillo del albero contrastaba con el azúlisimo del cielo... recordé a García Lorca, el poeta granadino, cuando habla de las 5 de la tarde, la hora de las corridas de toros...
A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde.
-tiene mucho que contar esta plaza, su historia y la importancia que tuvo en el mundo de la tauromaquia-
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Enfrente mismo, en una terraza de un restaurante comimos, viendo pasar a los turistas extranjeros blancuchos y trastornados por el calor, con el rumor del agüita y el aire refrescado por los ventiladores, divagamos sobre grasas y vejez mientras saboreabamos unos platos típicos.
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El excesivo calor nos invitó a nuestro maravilloso y fresco jardin del hotel... Mejor se estaba jugando con los chorros de los aspersores sobre el césped y cogiendo cerezas, bañándose en el agua fresquita de la piscina, mientras las palomas se hacían arrumacos en la muralla centenaria que daba sombra al jardín...
El paisaje en el sur no es monótono y árido... ya desde la primera visita cambié de idea, porque es variado y rico en matices, cambiante y sorprendente.
En el camino de Ronda, el sol y el silencio.
Los campos de trigo reflejaban la luz como la más blanca arena de una gran playa viva...
y mares de girasoles ......
(Mariví)
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¡Qué no habrá vivido en más de cien años esta encina!
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Me gustaba imaginar que hace muchos años, bajo estas viejas encinas, en el frio otoño, bandoleros de la sierra cercana, harian un descansito a sus caballos en estos caminos y se comerían cortada a navaja unas buenas rodajas de morcilla
Ahora tiene 86 años, es pequeña, delgada, siempre vestida de negro, ydicen que siempre te recibe con una sonrisa.
Empezó a escribir, como sabía, sin que nadie le enseñara, un verso detrás de otro hasta completar su único poemario: una poesía rural y autodidacta. Quizá su capacidad creadora nunca hubiera salido de su casa, o de la aldea de Segufe en Coristanco, donde nació, si no fuera por la ayuda de la asociación cultural Monte Branco do Couto, de Ponteceso.
Porque Asunción no sólo escribe: deun poco de barro hace una maqueta de la fiesta que se celebraba antaño en el atrio de la iglesia de Seavia, de la raiz de un árbol puede crear una figura humana de extrañas formas, que podría competir con la escultura más vanguardista…
El sueño de Asunción era dejar un museo, una señal de haber pasado por el mundo. Y en 1998 se hizo realidad. Nunca tanta gente habia visitado Segufe como aquel domingo en que su casa se transformó en un museo construído por ella misma y sus hermanos. Y este museo está abierto a todo el mundo, los 365 dias del año. Basta con llamar a su puerta, o entrar por el corral, será raro que la misma Asunción o su hermano no nos salgan al encuentro.
Todos los cambios van acompañados de una etapa de "duelo". No necesariamente una muerte. La pérdida de un amor, de una amistad, de un hijo que se va de casa. La pérdida de la juventud, de la salud... tiene su correspondiente duelo: esa etapa en la que hay que aprender a sanar las heridas qaue se producen cuando algo cambia, cuando una situación se acaba, cuando uno ya no tiene lo que tenía (o lo que creía tener) e incluso cuando uno se da cuenta de que probablemente nunca llegará a su vida lo que creía que algún día llegaría.
Se están produciendo tantos cambios en mi vida -hasta cambios hormonales-, que vivo en una constante etapa de duelo: duelo por la muerte de un ser querido, duelo por la juventud perdida (con la fuerza y la belleza que la acompaña), duelo por la amistad más íntima y cercana, que se alejó (y no solamente en km.), duelo por la esperanza...
En la cola del supermercado está un anciano, un poco encorvado, la chaqueta ligeramente sobada, la corbata un poco torcida sobre una camisa que algún día fué nueva. Pero con el sombrero muy colocado, todo un caballero, intentando mantener el tipo.
Me fijo en su compra a medida que la deposita en la cinta: leche, pan de molde, jamón cocido, una lata de bonito, un queso blanco fresco, naranjas.
Tiene las manos arrugadas y flacas, con manchitas marrones, las uñas demasiado largas, un poco nicotinosas, seguro que se echa unos pitillitos a pesar de lo que le diga el médico. Deduzco que vive solo, por su ropa: nadie recolocó el cuello de su camisa sobre la corbata torcida... La chaqueta estuvo apoyada en algun sitio, no colgada... y es una compra para una persona.
Se cruzan nuestras miradas, esquivas. Sus ojos como navegando en agua. Me pregunto cuanta soledad, cuanto dolor o cuanta vida en el pasado lleva metida en el forro de su chaqueta.
Trato de imaginar como se habrá levantado esta mañana, un poco renqueante, dolorido, hacia el cuarto de baño... ¿qué pensaría mientras el chorro cae en la taza? ¿podrá asearse bien solo?...Y donde vivirá? ¿como olerá su casa? a cerrado y oscuro? o por el contrario entra el sol y es alegre? ¿verá todo el día la televisión? ¿bajará a la plaza a charlar con otros viejos o irá al bar a echar la partidita de después de comer? ¿con quién compartirá sus temores o sus soledades? ¿Nadie le lleva la cuenta de las pastillas, que no sabrá si tomó dos o ninguna? ¿qué o quién le genera un poco de ilusión para el día a dia? Y cuando se encuentra mal de noche, o no puede levantarse por la mañana... ¿tendrá a alguien a quien llamar para que venga a la cabecera de su cama?
Quise entablar una conversación con él, con cualquier excusa y acercarme a él, a su vida, por si él me estuviese buscando... pero me dió vergüenza... y luego, mientras me alejaba, y sentí un nudo en la garganta, supe que no era sólo timidez, sino MIEDO.
Se le llama "abedules" a diferentes árboles caducifolios, muy parecidos entre sí, de la familia de las betuláceas.
Crece bien en terrenos pobres, húmedos, ácidos y fríos. Las hojas amarillean en otoño y se pone de un color muy bonito.
Las flores:
En Galicia se utilizaba mucho esta madera para facer zocos (é o noso bidueiro). Y los nativos americanos hacían canoas.
En los países nórdicos es muy abundante y puede formar grandes bosques.
Durante la edad media se asociaba este árbol con la brujería, porque bajo él crece la seta "amanita muscaria", que es alucinógena. Para los chamanes de los pueblos americanos era el guardian de la puerta de la sabiduría.
Treinta años esperándote. Haciendo el idiota. Treinta años despistándome, entreteniendome, rellenado horas con esta silicona absurda de estar viva…
Llevo treinta años esperándote...Y mientras tanto, me he sacado el carnet de identidad, el de conducir, tres muelas, y de la manga, una carta en cada llanto...
He conocido otros países de tierra, otros de carne.
He subido al placer, a un avión.
He subido a la sed, al dolor...
Treinta años esperándote. Escribiendo tonterías, leyendo a gente que no conozco. Cogiendo borracheras, cogiendo cariño a seres que se escapan. Buscándote en los vagones y en las calles, en los ojos de mis amantes y en los libros.
A veces me pregunto, si me reconocerás con este estuche de carne en el que habito.