sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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El anciano del supermercado

Publicado en 3 de Marzo, 2006, 3:20. en LENTES DE CONTACTO CON SU NEBLINA PROPIA.
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En la cola del supermercado está un anciano, un poco encorvado, la chaqueta ligeramente sobada, la corbata un poco torcida sobre una camisa que algún día fué nueva. Pero con el sombrero muy colocado, todo un caballero, intentando mantener el tipo.

Me fijo en su compra a medida que la deposita en la cinta: leche, pan de molde, jamón cocido, una lata de bonito, un queso blanco fresco, naranjas. 

Tiene las manos arrugadas y flacas, con manchitas marrones, las uñas demasiado largas, un poco nicotinosas, seguro que se echa unos pitillitos a pesar de lo que le diga el médico. Deduzco que vive solo, por su ropa: nadie recolocó el cuello de su camisa sobre la corbata torcida... La chaqueta estuvo apoyada en algun sitio, no colgada... y es una compra para una persona.

Se cruzan nuestras miradas, esquivas. Sus ojos como navegando en agua. Me pregunto cuanta soledad, cuanto dolor o cuanta vida en el pasado lleva metida en el forro de su chaqueta.

Trato de imaginar como se habrá levantado esta mañana, un poco renqueante, dolorido, hacia el cuarto de baño... ¿qué pensaría mientras el chorro cae en la taza? ¿podrá asearse bien solo?...Y donde vivirá? ¿como olerá su casa? a cerrado y oscuro? o por el contrario entra el sol y es alegre? ¿verá todo el día la televisión? ¿bajará a la plaza a charlar con otros viejos o irá al bar a echar la partidita de después de comer? ¿con quién compartirá sus temores o sus soledades? ¿Nadie le lleva la cuenta de las pastillas, que no sabrá si tomó dos o ninguna? ¿qué o quién le genera un poco de ilusión para el día a dia? Y cuando se encuentra mal de noche, o no puede levantarse por la mañana... ¿tendrá a alguien a quien llamar para que venga a la cabecera de su cama?

Quise entablar una conversación con él, con cualquier excusa y acercarme a él, a su vida, por si él me estuviese buscando... pero me dió vergüenza... y luego, mientras me alejaba, y sentí un nudo en la garganta, supe que no era sólo timidez, sino MIEDO.