El jueves fue el mejor día, hacia sol, una temperatura agradable, fué el dia del encuentro. Abrazos y sonrisas y una parrillada de pollo, sardinas, Al ladito mismo corría un rio pequeño de aguas claras y ruidosas por las piedras. Una fuente que manaba de las rocas.
Fue una tarde muy agradable. Yo procuré olvidar mis hipocondrías, y no pensar en las personas que echaba en falta,sino en las que tenía.
Un paseo por la finca do Frendoal, los jardines del antiguo conde de Aldan, en plena naturaleza: ..
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Por la noche recalamos en casa de Carmen, no hubo queimada en la playa, como estaba previsto, pero sí una cena agradable con tertulia en la sala, con mantita y sofá. Mientras algunos bebían, fumaban y oian música me quedé dormida y desperté con el canto del gallo, cerca de las 6. Y allí seguían, que aguante, empecé a contarles mi sueño y nos echamos unas buenas risas mientras me tomaba un colacao con galletitas antes de acostarnos.
Carmen me habia puesto sábanas de raso. Y por la mañana preparó la masa para hacer churros crujientes y calentitos para desayunar. Los que nos quedamos pudimos ver la preciosa puesta de sol, y ya se olía la cena.
El portugués de Carmen llegó cargado de cosas ricas, champán, vino, dulces típicos portugueses, vitalidad, energía y simpatía y, aunque luego la cosa tomó derroteros que no esperábamos, esas cosas hacen que la gente se conozca mucho mejor. Y conocerse es imprescindible para que las amistades sean verdaderas...
Tampoco dormimos muchas horas esa noche. Pero esta vez hablando de problemas.
La despedida el sábado, delante de un plato de pulpo á feira, en un bar de Vilariño.