Galicia muere y se convierte en una postal del pasado.
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Se cambian carballos por postes eléctricos, piedra y musgo por cemento.
Los ríos están encerrados y la costa es mirador de turistas.
Los barcos mueren anclados en los puertos y mientras la tierra se vuelve fuego.
Los caminos se tapan para abrir autovías por donde los nuestros siguen marchando a comprarse un futuro.
Las fuentes secan.
Los animales ya no tienen instinto y son propiedad de los cazadores. Y los domésticos están encarcelados en pisos.
La gente no pasea, hace ejercicio.
Las chalets se rodean de muros, mientras en las antiguas eras crece la maleza y la casa se desmorona. Los carros que no se llegaron a pudrir y las piedras trabajadas por canteros, se trasladan a los jardines de los adosados.
En las lareiras ya no hay leña y las familias vuelven la mirada a la televisión.
Las historias alrededor del fuego se entierran en la memoria.
Los niños no juegan subiendo a los árboles, porque prefieren pasar de pantalla en la videoconsola.
La libertad se convierte en el coche para un adolescente, y las campanas no dejan de tocar a muerto.
Las fiestas se convierten en botellones.
Lo centros comerciales se comen las ferias.
Comemos sandwiches y pizzas y aprendemos inglés, porque el idioma gallego solo sirve para discursos políticos.
El paisaje cabe en un encuadre de fotos.
Los hijos no nacen y los abuelos se mueren lentamente en asilos de dia.
La mierda llena el mar y el aire; pero nosotros seguimos pensando "que verde es Galicia"
La siembra es un revival y el pescado se encierra en cubos.
El turismo es el pan y la servidumbre de nuestro trabajo.
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Galicia muere y se convierte en una postal del pasado.
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