sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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Diferentes pero iguales.

Publicado en 5 de Noviembre, 2006, 17:40. en ¿Y POR QUÉ ME CUENTAS TU VIDA?.
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El domingo es un dia en que suelen hacerse comidas familiares...

Si exceptuamos la adolescencia y la primera juventud para quienes estas reuniones son algo que "hay que soportar", aceptamos esa costumbre de no muy mal grado por distintas razones, según la etapa de la vida. 

Entonces ¿que tipo de personas  pasan su tiempo en Coruña por el parque de la Torre un domingo al mediodia a la hora de comer?

Yo.

Un autobús llega al aparcamiento y de él bajan turistas que se dirigen hablando todos a la vez, directamente a la base del faro.  

A medida que voy subiendo, crece el brezo y los tojos como matorrales bordean el caminito.
Dejo atrás la parte más abrigada y soleada del parque. Allí queda una familia comiendo en una mesa de madera, bajo una higuera.
Más abajo, en la playa, dos o tres niños juegan. Una mujer está con ellos y pasea descalza por la orilla con los zapatos en la mano.
Foto hecha por  Alisanos  

Durante el paseo, de una hora aprox. me encuentro con dos o tres parejas, una van cogidos de la mano, otra están en un banco apartado, haciéndose arrumacos. Una tercera sentados en las rocas. La risa de ella rompe el silencio.

Según voy andando por los senderos del parque, de vez en cuando me adelanta rápidamente un corredor solitario.

Una madre hace fotos a su hija, como de 12 años, que sonríe a la cámara. Dos bicicletas están tumbadas cerca. Con chaquetas y cascos.

Dos amigas acostadas en el césped, tomando el sol. La más joven habla por su teléfono móvil. La otra tiene los ojos cerrados y extiende brazos y piernas desnudos.

Una anciana se cruza conmigo y me sonríe. Los ojos se le quedan chiquititos y brillantes. (Yo también le sonrío). Las dos andamos despacio.

Un grupo bullicioso de gente de diversas edades, cargando neveras portátiles, esterillas y bolsas en las que sobresalen las barras de pan pasan cerca de mí buscando un sitio adecuado para un picnic: eran argentinos, che.

Hay una mujer de mediana edad sentada en una roca, mirando el mar.

Más abajo, cerca del agua, dos pescadores con sus cañas. Parecen padre e hijo.

En el banco que hay cerca de la escultura llamada "la caracola" tres jóvenes de veintitantos están espatarrados allí. Tienen un aparato de radio que emite música. ¿Radio? vuelvo a mirar! si, ¡es una radio! -me choca-  Una radio de tamaño mediano,con su antena, como esas que llevaban a la playa cuando yo era niña.
A lo lejos "la caracola"
Foto hecha por  Arantxata

Al lado mismo de "la caracola", mientras estoy allí respirando el aire salado, una chica brasileira intercambia teléfonos con un matrimonio y su hijo también brasileiros. Les explica que trabaja de camarera y que vive "por los mallos"... (tal vez son portugueses y no brasileiros)

Un hombre joven, como de 30 años, con el pelo muy largo, su bolso en bandolera está sentado en el suelo y mira su teléfono móvil. (mucho rato)

Otra mujer, que aparenta mi edad, --tal vez es algo más joven-- anda de aquí para allá, despacio, paseando sin rumbo, pensativa. La mirada lejana. 

Ya cerca de los menhires, otro hombre con un chandal azul, como de 60 años, hace gimnasia.

Me senté un rato a admirar las vistas, y me quedé pensando cómo sería la vida de esas personas que coincidieron conmigo un domingo a las 3 de la tarde, al aire libre, en un parque, cuando apenas hay tráfico ni movimiento en las calles... y todo el mundo suele estar sentado a la mesa.