A casiña da avoa ten moitas cousiñas ten, ten unha eira, ten o palleiro, ten a figueira tamen... ten mazás, tamén ten peras, ten gorriós debaixo das tellas do piorno...
(Creo que hay una canción de "Fuxan os ventos" que dice algo así)
La línea del tren de alta velocidad pasará a unos metros de la casa de la abuela, no quedará ni el recuerdo.
Hice algunas fotos, me lo pedían los misterios que esconde, los secretos que se lleva: como la pistola que apareció entre los escombros cuando se cayó un muro de la cuadra. El olivo que nadie recuerda quien lo plantó. Algunas viejas cepas de la viña, traídas de sitios lejanos.
Allí están las ruinas da casiña da avoa, testigo de tantas historias, representante da Galiza do agro, do arado de pau, do carro ¡"árdelle o eixo!" do estrume no quinteiro, dos zocos, da lama, do pan de broa...
Vida y muerte, generaciones de amores a la puerta del zaguán antes de que anocheciera. Cuentos de miedo alrededor de la lareira. Las camas con jergones de "carochas de millo" sobre el piso encima de las cuadras de las vacas para aprovechar el calorcito...
E velaí a casiña da avoa
Miña avoa era filla de solteira. En la casa vivían mi bisabuela y una hermana suya (la Tia María) La madre de mi abuela se casó más tarde y se mudó un par de casas más allá con su flamante marido Calvo (que no es que no tuviese pelo), y tuvo otro hijo. La abuela se quedó en la casa, y con ella su tia María, que nunca se casó y que, con su carácter dulce y cariñoso, contrarestaba el carácter fuerte de la abuela Secundina.
Secundina se casó con José, que venía de San Miguel de Castro, y con él tuvo 4 hijos, el último ya pasaba ella de los 40 años. Como mi madre, que me tuvo a mí a los 42. Así que la abuela nació allá por el final del siglo XIX y murió en los años 60, de la enfermedad de parkinson. Al hacerse mayor se volvió de misal y rosario. Y cuando el parkinson avanzó, solo quería comer sopitas de pan de brona en vino tinto con azúcar.
Su marido José murió más joven, de algo sin nombre, pero de mucho toser. Aunque antes de pensar en morirse llevó una vida bastante azarosa: se lió con "la coja", (¡y dicen que también con la hermana de la coja!) -según él solo iba con ellas a jugar a las cartas- Estas hermanas vivían de alquiler en una pequeña casa propiedad de mi abuelo. --Muchos años más tarde el abuelo mujeriego le regalaría a mi madre esa casita (y en ella nací yo)--. Pero en tiempos de "a Coxa", mi madre y su hermano, que eran unos niños, un dia pillaron a la coja a solas en un prado, y le exigieron que dejara a su padre, (demasiadas partidas), y la conversación terminó arreándole mi madre a la pobre coja con la sacha. Cuando cayó al suelo, los niños la dieron por muerta, asi que huyeron al monte, para que no les llevase presos la Guardia Civil. Después de anochecer toda la aldea anduvo buscándolos con farolillos y fachos... porque la coja no murió, y disfrutó de buena salud durante muchos años más. Secundina dejó a José por la presión de parientes y vecinos, pero a escondidas, se veía con su marido infiel en un pajar de piedra cercano --que hoy forma parte de una bonita casa en la que viven su nieto y su biznieto, (que imagino no conocerán esta historia)-- En ese pajar engendraron a su benjamín y, claro, no les quedó más remedio que volver a vivir juntos, no era cuestión de que mi abuela anduviese por ahí con la barriga sin que se supiese quien era el padre.
La tia bisabuela María, que había mimado a sus sobrinos nietos, cuando era muy viejita andaba encorvada encorvaaaada, y la cabeza casi se le juntaba con las rodillas, y siempre llevaba un bastón. Murió mucho antes de nacer yo.
A casa da avoa e agora unha casa soiña, baldeira, ferida, rota, caída...
Entre esas paredes hubo mucha vida: generaciones de hombres y mujeres, desde hace... tal vez 200 años. Siempre son las mujeres las que transmiten historias de madres a hijas, y mi madre me contó lo que le había contado la suya, y "la Tia María", quienes a su vez habían recibido la historia de otras mujeres... Tal vez ni supieran donde estaba Francia, pero contaban que los franceses tomaron la casa como caballeriza. Que los aldeanos escapaban a los montes con el ganado porque los soldados todo se lo llevaban. Que mataron a los de la casa, menos a una niña María que se escondió en un arcón. La niña María estuvo allí calladita durante tres dias y tres noches, por eso salvó su vida. Cuando la niña María tuvo 15 años "casou con un que veu da montaña"... y ese es el referente más antiguo.
La primera escuela de la aldea se construyó durante el breve periodo de la República, así que no creo que antes supiesen leer ni escribir... para ellas la miseria formaba parte del orden natural de las cosas. Las ciudades, si es que existían, eran lugares ajenos, distintos, con otra lengua, con otra cultura. La aldea vivía al margen del tiempo, con su arado romano, trabajando duramente la tierra, siguiendo las estaciones no por el calendario si no por las labores: la siembra, la siega, "a malla", la vendimia... y por las romerías: san martiño, santa mariña, o carme, o couto
La casa de mi abuela y bisabuelas era un mundo autosuficiente: ella y sus habitantes se bastaban a sí mismos: verduras, cereales, frutas, carne, leche, huevos...
O vertedeiro. A un lado el sitio para la sella del agua.
Con ese sistema de dividir la herencia entre todos los hijos se fué empobreciendo, pero parece que hubo un tiempo en que en la bodega habia vino para todo el año, y jamones, y chorizos colgando del cañizo, sobre a lareira. Se cocían buenos panes en el horno, y el horreo estaba lleno...
Por el camino que pasaba al lado del horreo, mi joven abuelo regresó de la Habana y traía ropas de cama, ¡bordadas!, en un enorme baúl... ¡y un reloj de pulsera como regalo para una dama! una damita que huía de él y escondía sus ojos de su mirada, porque no le reconocía, ya que no le había visto desde que tenía tres años. Era su hija, mi madre.
Y en uno de los pilares de ese mismo horreo sacudió un hombre su sombrero, (hay diferentes versiones acerca del parentesco), cuando regresaba de la "guerra de África". En el lugar quedó una sombra oscura. Esa mancha eran cientos de piojos.
(Recuerdo vagamente ese horreo, ya torcido, con sus maderas de un rojo desvaído por la intemperie, y sus pies de piedra, su escalera para subir... Pero hace muchos años que ya no está en pié)
Na casiña da avoa, agora as figueiras medran silvestres. A viña non ten quen a pode e os vellos bacelos quedan enterrados entre as silveiras. Os ferrados do centeo onde se medía para levar o gran a moer ao muiño están comestos da polilla. As pás do forno apodreceron. Na bodega quedan vellos pipotes baldeiros. As vigas da casa venceron... e a porta da entrada, onde ainda se ve o burato que din que o fixo o trabucazo dun soldado francés, xa non pecha nada.
Por iso a chave quedaría esquecida onde a agochaban...
En mis cumpleaños me pasa como en las Navidades: o me esfuerzo por quitarles significado, o me afectan. Me sorprendo a mí misma recordando otros cumpleaños, otras navidades, de hace 10, ó 20 años. Recuerdo a las personas que estaban en aquél momento en mi vida: jóvenes, saludables (o no tanto), felices (o no tanto). Son fantasmas todos ellos: los que ya han muerto, los que han desaparecido de mi vida. Los que han crecido, que ya no son los que eran...
Así que me paso el día rodeada de fantasmas, como en los mundos de las novelas de Isabel Allende. Como el de mi madre, que a sus 42 años me daba a luz, pero no antes de terminar las faenas -hay mujeres que no se pueden permitir ni el lujo de parir tranquilas- Algunos de esos fantasmas están en el presente y en el pasado al mismo tiempo y, mientras sus cuerpos de adultos fuman, o mantienen conversaciones de adultos, sus fantasma de niños juegan sudando y vienen corriendo a pedir permiso para... Y yo hablo de banalidades y hago raciones con la comida para los presentes mientras vienen a mi cabeza flashes de la que fuí en otros cumpleaños: soplando 21 velas en una tarta. O llorando porque ese año su amor la ha olvidado. Bebiendo cava hasta ponerse mala. Recibiendo heridas en vez de obsequios. Mirando la lluvia de estrellas, sentada en el alfeizar de una ventana sobre los tejados de una ciudad que no es la mía acompañada de un hombre que tampoco es mío. Cenando en un jardin a la luz de las velas...
Este año decidí no ignorar mi cumpleaños.
¡Algún día tengo que celebrar que he llegado a superar otra década!. Porque es para alegrarse, seguir aquí todavía, que parece increíble, -teniendo en cuenta la cantidad de peligros que nos rodean, (hasta en casa, que la semana pasada me caí al salir de la ducha)Alternando vivencias y emociones, viendo cada vez más cercana la línea del horizonte, notando el inicio de la decadencia, sí, pero disfrutando de este cuerpo y de este pensamiento con el que tomo conciencia de existir.
Y cada uno en su camino va cantando, espantando sus penas. Y cada cual en su destino va llenando de soles sus venas. Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón, tirando piedras, contra la última frontera
Por Zeltia - 4 de Agosto, 2007, 15:44, Categoría: General
"...así como la palabra guarda la memoria del alma, el deseo conserva la memoria del cuerpo. O quizá sea que el cuerpo tiene su propia memoria y es capaz de ver en el cuerpo que yace a su lado el que fue, aunque ya apenas lo sea"
Estos son párrafos extraídos de un artículo de Manuel Cruz, Universidad de Barcelona, en el que habla de cosas que yo pensé, que quise decir, y no supe cómo.
Menos mal que existen los otros.
"En la edad madura en cambio todo es lento, como ha señalado Coetzee. Pero si sólo se tratara de eso, bien podría sostenerse, a modo de consolador resumen, que vivir es en última instancia ir encontrando acomodo en el propio cuerpo"
Tal dia como hoy, 4 de agosto, me casé por la iglesia. Sin sentirme católica, solo por no disgustar a mi madre. Mi entonces queridisimo novio era ateo perdido, así que él lo hizo por complacerme a mí. Algunos años más tarde recordaría este dia con tristeza,porque todo ya es nada, como dice Aute... (pero no resultó "nada", porque me quedó mi hijo que es lo mejor que me ha pasado, y un montón de vivencias, ti xa me entendes).
Y hoy, que el cerebro hizo sonar la alarma sin importarle si sirve o no ("4 de agosto, 4 de agosto... esto era algo" ) lo trajo a la agenda del día. Y es bonito poder recordar a la que fui, sin sentir la frustración de ningún proyecto truncado, sin rabia, sin dolor, sin melancolía, sin morriña. Al contrario, con un poco de ternura por la inocencia y la fe de aquellos dos jóvenes que se querían y no supieron como hacerlo.
Hoy ya no lo siento un aniversario de nada. Es solo una estampa de otros tiempos.
Y miro el instante que ha fijado la fotografía
La sonrisa era tan amplia que casi se me desencajaronlas mandíbulas. Pero aunque parezca increíble recuerdo el instante de aquella mirada:
me paré unos segundos al bajar del coche, le apreté la mano, busqué sus ojos y le dije con los mios: "en el medio de todo este follón no me olvido que somos tu y yo, y estoy aquí, contigo." Después nos envolvió la telaraña de la ceremonia, los invitados, los nervios... Cuando muchos dias después vi las fotos, me sorprendió con agrado que ese instante quedase ahí, suspendido. Quizá por eso nunca lo olvidé, porque la foto me llevó allí mismo, cada vez que la ví.