sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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remordimientos

Publicado en 16 de Septiembre, 2007, 13:04. en ¿Y POR QUÉ ME CUENTAS TU VIDA?.
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Limpiando los cajones de un mueble de casa de mi hermana, que yo estoy utilizando ahora, me digo: pobriña,  allá en el otro barrio pensaría, si pudiera pensar, mira que guardaba yo tonterías. Encuentro recuerdos de mi madre y recuerdos suyos, algunos no sé que significan, otros sí. Bah, atesoramos tantas cosillas en cajones que nunca más volvemos a mirar... y la mayoría de ellas, si las miramos ya no significan ni un cojón de mico. 

Pero otros te sacuden: vi la foto de mi madre en blanco y negro, su último DNI. Y la estuve mirando atentamente, casi no la recordaba con ese gesto amargo y triste habitual en ella, sobre todo cuando pensaba que no la miraban. 15 años sin verlo!: los 10 años que hace que murió, y los 5 últimos que vivió después del infarto cerebral en que nunca volvió a tener esa expresión. Es que ya no era ella. Ser sí que era. no era otra. Pero la madre que había dentro de ella ya no estaba. Quedaba la niña pequeña, lo aprendido de manera automática como conducir, o andar en bici. --Que mi madre no hacía ni lo uno ni lo otro, pero en cambio podía predecir si haría o no mal tiempo y seguía teniendo su peculiar sentido del humor, su retranca galega-- Algunas veces, por unos instantes volvía mi madre: lo veía a través de sus ojos que me miraban con la antigua ternura. Otras veces se convertía en niña, estaba allá en un pasado, las más de las veces inventado, cuando yo era unicamente un óvulo inmaduro en su vientre infantil. Y entonces la miraba yo con ternura, porque tenía la suerte de ver a mi madre como debió ser de niña.
Como decimos nosotros los gallegos: ser, era. 

15 años sin ver la amargura en la cara de mi madre! el DNI me encogió el estómago. Volvieron los remordimientos: recordé lo ocupada que estaba pendiente de mi propio ombligo, y como iba racaneando el tiempo de dedicación a una mujer mayor, deprimida, sensiblera y con mucha necesidad de recibir el cariño de sus hijos. ¡Con tantos mimos y cuidados que ella siempre me regalaba!

Qué cosa tan inútil los remordimientos referidos a un muerto.

Ya no puedes compensarle jamás.

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