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Esto de vivir muchos años en la misma ciudad no es bueno para mí: los recuerdos me asaltan en cualquier esquina, y siempre me queda una tristeza vaga... si es malo porque lo revivo y si es bueno porque lo añoro.
Puede suceder en cualquier parte y en el momento menos oportuno, es lo que tiene haber vivido en diez o doce domicilios y pasar por distintos trabajos: la ciudad es lo bastante pequeña para conocerla toda y lo suficiente grande para que puedan pasar años sin pisar calles que en otro tiempo formaban parte de mi paisaje diario. Si añadimos las cafeterías y bares, las plazas, paseos y parques que frecuenté en distintas etapas y los rincones que fueron mis cómplices... ya no queda un sitio en toda ella que no me lleve, sin permiso, a otro momento, a otra situación... y el mar, espejo de mi corazón, las veces que me ha visto llorar...
Empieza a no gustarme.
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