sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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de perros y gatos

Publicado en 11 de Diciembre, 2007, 10:49. en ¿Y POR QUÉ ME CUENTAS TU VIDA?.
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Alguna vez se me cuelan por las rendijitas de la memoria flashes de escenas vistas o imaginadas que ya me ensombrecen el dia, como la que vi hace algunos meses en el telediarioun hombre que mataba a palos a su perro, un pastor alemán que llevó su fidelidad hasta la muerte.

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(El enlace pide que confirmes que eres mayor de edad si quieres verlo, porque son imágenes duras. Yo no lo he visto esta vez, y miralo sólo si eres fuerte)
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 Menos mal que, estos dias, he visto otras actitudes que contrarestan esa brutalidad: son los particulares y asociaciones que recogen, cuidan, sanan y buscan hogares para animales maltratados y abandonados. Se te encoge el corazón cuando ves esos animalitos desprotegidos, algunos de los cuales tienen una terrible historia detrás de ellos, como la de esta gatita:

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gatita adoptada

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que ya no morirá a pedradas.

Desde ayer, una gatita enferma y asustada ya tiene un hogar calentito y alguien que le da cariño: la adopté para mi sobrino, que pedía un gato, y ya pensábamos en una tienda de animales -tan monos ellos- olvidando a los que de verdad necesitan un hogar. A las dos horas ronroneaba confiada a pesar de la casa y las personas extrañas, y ya se había ganado el afecto de todos  (¿como puede confiar en los humanos después de lo que le hicieron?). -Ahora mi gata me odia: observaba desde lo alto de una estantería a la intrusa, y desde ayer no me habla-

Pero allí tuvimos que dejar, en la Clinica del Sol, un gato sin rabo, una gata coja, un perro anciano, uno renqueante, y varios más. Las cuidadoras se lo toman con sentido del humor, "aparta, abuelito", cuentan que no pueden dedicarles mucho tiempo, y saben que,  a ésos, nadie los adoptará nunca porque solo personas muy especiales quieren llevarse tullidos, enfermos o ciegos a casa. (Y las personas especiales no abundan) .  

Parece ser que podría ayudar yendo a visitarlos, cepillarlos y jugar un rato con ellos, darles un poco de cariño. Iré, ya que no tengo valor para adoptarlos y,  como decía mi madre: "pobriños, non teñen mais ben que o que se lles fai".

No hay escapatoria, después de ver eso, hay que ayudar, y no valen excusas, porque aun si no se dispone de tiempo, siempre se pueden aportar unos euritos para contribuir a su mantenimiento. "Un gran non fai graneiro, pero axuda ó compañeiro". Esas personas con las que hablé, que de una manera desinteresada dedican su tiempo, esfuerzo y dinero, sin reconocimiento de ningún tipo, me hacen cambiar la mirada hacia el mundo, y saber que, a pesar de los apaleadores, otro mundo es posible.