sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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el secreto

Publicado en 17 de Febrero, 2008, 2:19. en LENTES DE CONTACTO CON SU NEBLINA PROPIA.
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Años, hemos estado los dos recorriendo los laberínticos pasillos de ese bajo-cubierta cegado de ventanas, iluminado por la misma luz fluorescente de las morgues, atravesado por los tubos que todos los edificios tienen en sus interiores, cuyo destino es un arcano para la mayoría de la gente.
Con la mirada del que se sabe conocedor de un secreto me cita, misterioso y enigmático, "a las doce menos cinco bajo los tubos". Curiosa como niña y desconfiada como vieja, voy, puntual, como un clavo. Le sigo por el pasillo, callados doblamos el recodo y allí está: una escalera metálica plegable, endeble y temblona, colgando del techo hasta el suelo. Este submarino de piedra tiene una escotilla camuflada!.
Sube con habilidad, levanta la claraboya oculta y la luz directa del sol entra brillante, detrás espera el azul lejano. Subo yo por la escalera empinada y oscilante, agarrandome bien, temiendo mi torpeza pero excitada y expectante, sintiéndome arriesgada y aventurera. Al sacar la cabeza del caparazón de la tortuga gigante me veo sobre el tejado. Con algo de vértigo observo encantada ese mundo escondido en el mismo corazón de la ciudad. Hileras de buhardillas con sus caballetes recubiertos de tejas coronan los tejados, unas recién restauradas, otras viejas y destartaladas. Y terracitas con verjas de forja de distintas formas y tamaños. Detrás de las galerías y ventanas se adivinan los interiores de las viviendas. En una de ellas hay un cojín, será para que tome el sol el gato (claro) que no tarda en aparecer y es pardo (claro).
Desde esta nueva perspectiva puedo medir las distancias en línea recta ¡que cerquita está todo! ahí mismo las torres de la iglesia, y allí el ayuntamiento y aquél es el reloj de Correos, ese hueco es la plaza, y casi al lado la fachada del mercado! Que distinta parece la ciudad de siempre!
De repente suenan las campanas del reloj del ayuntamiento, salen volando las palomas y tiemblan los cristales rotos de las buhardillas deshabitadas. El sonido me llega nítido, sin obstáculos y tengo los cinco sentidos puestos en este instante: oigo las 12 campanadas del mediodía, puedo oler el mar tan cerca, veo esta luz nueva instalada en los tejados y noto el frío del hierro al que me agarro mientras trago la saliva dulce de la sorpresa.


.Fotografía tomada de www.chumajek.com

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