fría, dura, áspera, de piedra es su mirada. me penetra arrastrando hacia mi interior la escarcha del verde de sus ojos congelándome, convirtiendo mis lágrimas en carámbanos. su aliento gélido vuelve el aire irrespirable. estoy tan rígida, áspera y tosca, tan insensible que yo misma soy ya, también, de piedra.

imagen de el navegante solitario