
Se me escurre entre las manos y resulta dificil clavarle el cuchillo, hago un corte chapucero rasgándola completamente de arriba abajo: la vacío sacándole los intestinos, el esófago, la laringe, el hígado. Una carnicería. Ella se queda ahí, con la boca entreabierta y los ojos completamente apagados, sus vísceras sangrientas al lado. La miro un momento con detenimiento, friamente, repasando todo su cuerpo abierto, imaginando su vida truncada. Y pienso en el plan infinito. Creo porque no lo entiendo, dijo alguien ¿Qué mierda de plan macabro es ése que nos obliga a comernos los unos a los otros para sobrevivir?. Le pongo la sal, un poco de cebolla y perejil, limón y vino blanco y la meto al horno. En unos minutos me comeré a la pobre trucha.