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me apeteció repetir el mismo paseo de antes, a la orilla de la ría, cuando vivía allí. ese camino que había hecho tan a menudo, viendo anochecer, o en las mañanas soleadas de los domingos. eché cuentas y eran ya 10 los años que habían pasado desde que habíamos elegido el apartamento en la Ría: mi hijo estrenaba adolescencia y yo una hipoteca e ilusiones.
nada queda ya: ni adolescencia, ni ilusiones, ni hipoteca, ni apartamento.
pero ese nada fue todo, por un tiempo.
y en esos pensamientos andaba, de recuerdos pasados y de planes futuros -o de la falta de ellos- mientras se acercaba la noche y caía la helada, cuando, a través del aire frío me llegó un olor familiar. volví unos pasos atrás, escudriñando los arbustos, y sorprendí, escondidos entre las ramas verdeoscuras de las acacias, unos botoncitos amarillos:
ya están las mimosas florenciendo a hurtadillas.

fotografía de la galería de tearoom en flickr
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