sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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Publicado en 15 de Marzo, 2010, 19:46. en ¿Y POR QUÉ ME CUENTAS TU VIDA?.
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*Recordatorio:
para cando a memoria aleatoria me deixe diante da porta
só paxaros mortos.

a foto é de aquí

Unas horas de felicidad te dan una mano de pintura por dentro y te quedas como nueva. Qué maravillosa velada tuvimos en Cesuras, qué bien me lo pasé! (no del tipo jiji-jaja [que también], sino que se produjo la conjunción necesaria para alcanzar ese punto de estar agustito, en el que todo está en su sitio. Teníamos comida y vino; la habitación calentita por la leña que ardía en la cocina de hierro, mientras afuera caía la helada. Nosotros, de distintas procedencias, de diferentes edades, compartiendo experiencias, contando historias. Se habló de pueblos, de idiomas, de por qué a todas las vacas les ponen nombres femeninos,* de música, de cosas como el didgeridoo, un instrumento elaborado por los aborígenes australianos que provoca toda una aventura vibracional y de ése otro, también antiguo, la txalaparta, que es vasco (claro).
Conseguido ya el ambientillo, la mujer rubia, que nació en el País de Gales, nos cantó una canción en galés, una canción de cuna que le cantaba su madre.
La voz tan tierna, de misterioso acento, sonaba como un cuento soñado.
Y la chica de los ojos azules sonrientes, cantó fados en portugués, con una preciosa voz.
Los interpretaba y los vivía tan bien que se me erizó la piel con la emoción:
Cheia de penas, cheia de penas me deito, e com mais penas, com mais penas me levanto. No meu peito, já me ficou no meu peito, este jeito, o jeito de querer tanto.
Su novio, que es vasco, cantó canciones en  euskara, (claro).
Y qué bien sonaba, primitivo y extraño.
Yo percibía el orgullo de saberse depositario de un idioma único que se mantuvo ahí, detrás de los montes, sin permitir que se muriera, a pesar de los pueblos invasores
[y aprendí de ése orgullo, queriendo todavía un poco más a nuestro gallego].
Me enseñó algunas palabras suyas: sua, que es el fuego, lur, tierra, ur, agua.
Todos cantamos y bailamos, fue un compartir las diferencias, un mostrar las semejanzas.
Apagamos la luz un momento, para escuchar mejor la música. El fuego se reflejaba en  la pared a través del agujerito de la cocina de leña,  dibujaba luminosidades con formas extrañas, y entonces dijo el hombre vasco:
"Mira qué bonito es el refrexo do lume". (sic)
*perlitas de nuestro amado y nunca bien ponderado Presidente de la Xunta de Galicia.