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Aquí el post original en gallego y los comentarios
Esto suena rarísimo en español. Algunas frases quedan cursis, mientras que en gallego son acogedoras e íntimas... No hay nada como expresar las ideas en el idioma en el que se piensan.
Mañana me voy a mi aldea de Silleda. [y esa ese silbada es una guadaña en el aire]. Repíto el nombre extrañada de cómo suena, como si no lo hubiese oído nunca. Pero yo soy de Silleda, lo pone en mi DNI. Lugar de nacimiento: Silleda [ese espacio interior que voy reconquistando de nuevo]. Para mí Silleda más que un sitio es un concepto, abarca muchos nombres de aldeas, de lugares que ni siquera pertenecen a Silleda: corresponden a la Estrada o a Villa de Cruces, o a Vedra. Nombres que eran "más allá de…" [y eso los convertía en algo lejano, como América, aunque estuviesen a pocos km.] Sitios que ni conozco. Nombres que llevan "Ulla" delante o detrás, aunque Silleda esté en las tierras de Trasdeza. Descubrir los lugares que llevan esos nombres tantas veces escuchados, es comprobar que la tierra es redonda.
Tampoco es que pertenezca a mi aldea, no me siento muy de Dornelas. Autoexilio obligado que resultó una liberación, como levantar la piedra que aplasta la hierba y no la deja crecer. En Dornelas me tocó descubrir la miseria que puede haber en la gente, aunque fuesen niños y niñas; comprobar cuanta crueldad cabe en la inconsciencia. Allí fue donde nació mi ansiedad porque me quieran; donde comprendí que no basta con necesitar cariño para encontrarlo y supe que no por buscar compañía se espanta la soledad, esa compañera de la que huyo, pero que siempre me acompaña fielmente. Aunque yo sé perfetamente de donde soy.
Yo soy de los caminos alrededor de nuestra finca; de las peñas, de las pavesas secas, de las hojas húmedas; de las flores de pino explotando de polen y tiñendo de amarillo las orillas de los charcos; de la flor del tojo; del brezo; de los caminitos entre el maíz y de sus flores; de las gaitas hechas con una paja verde de avena; del sonido de las piñas en lo alto cuando se abren por el calor; de las urracas, de los mirlos, de los petirrojos, del cuco en las primaveras; de los pájaros carpinteros misteriosos en la espesura; de los agujeros de los robles viejos; de los troncos podridos con gusanos; de los caminitos de las hormigas; del cantar de las cigarras y de los grillos. De las carballeiras. Yo pertenezco al rumor de mar en las copas de los árboles cuando sopla el viento; del olor de la tierra a lluvia; al perfume de las hierbas olorosas en las noches tibias. Pertenezco a los vallados de piedra y a las moras de las zarzas; a los cerezos añosos; a los higos, a las uvas; a las manzanas silvestres pudriéndose en el suelo; a las fuentes de agua fría; a los senderos, a los antiguos caminos oscuros. Soy del monte del Portiño, del de la Lagarta, de la Valga; del horizonte con el Pico Sacro. Soy del frío de la helada, del calor del fuego al lado de la cocina de hierro. Y pertenezco a lo que nunca olvidé y a lo que voy incorporando en esta reconquista del territorio, en la formación de nuevos recuerdos, en la transformación de mí.
Foto: Azafrán silvestre (tomada de flickr)
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