...pois voume ter que ir indo. y sus ojos te buscan ansiosos. non marches aínda ho. y se le transparenta un ruego pudoroso envuelto en esperanza. queda un pouquiño mais. y coges su mano que sientes tan frágil. elojo non ten janiña de que marche?. y te da un apretoncito tirando levemente para que te inclines, con gesto de complicidad, mientras susurra -para que no le escuche la otra-
...que asco de tío!. Te juro que de buena gana iba allí, le daba cuatro patadas y cuando cayese al suelo, antes de irme, le tiraba encima la tarjeta de mi abogado.
Se me escurre entre las manos y resulta dificil clavarle el cuchillo, hago un corte chapucero rasgándola completamente de arriba abajo: la vacío sacándole los intestinos, el esófago, la laringe, el hígado. Una carnicería. Ella se queda ahí, con la boca entreabierta y los ojos completamente apagados, sus vísceras sangrientas al lado. La miro un momento con detenimiento, friamente, repasando todo su cuerpo abierto, imaginando su vida truncada. Y pienso en el plan infinito. Creo porque no lo entiendo, dijo alguien ¿Qué mierda de plan macabro es ése que nos obliga a comernos los unos a los otros para sobrevivir?. Le pongo la sal, un poco de cebolla y perejil, limón y vino blanco y la meto al horno. En unos minutos me comeré a la pobre trucha.
Comienzas la partida y, con las características de tu personaje, vas esquivando obstáculos, sorteando peligros, peleando con rivales, ganando habilidades exclusivas y movimientos especiales, interaccionando, cambiando de nivel. Bien o mal jugada la partida, el resultado es el mismo:
Sra. Directora: Espero que al recibo de la presente carta se encuentre usted bien, quedando yo como ve, en mi actual situación. El motivo por el que le escribo es para saber como está mi hija AA, mi mayor preocupación y si por favor sabe algo de lo que van a hacer en Menores con mis niños. Comprenda por favor mi desesperación aquí encerrada sin poder hacer nada por estar con ellos. Estoy a tranquilizantes, no puedo dormir pensando que puedo estar 6 años sin ver a mis hijos. Es demasiado para mí, estoy muy mal, señora, de verdad. Quiero a mis hijos más que a nada en el mundo, es por ellos por los que estoy siguiendo un programa de desintoxicación de las drogas aquí mismo en la cárcel y eso que le aseguro que aquí dentro hay tanta droga como afuera. Por favor ayúdeme, recurro a usted ya que estoy desesperada, ya no sé que hacer. No quiero perder a mis hijos, son lo único que tengo. Sólo le pido unas líneas con noticias sobre ellos y por favor qué piensan en Menores. Por Dios, que me los dejen, por favor. Yo aquí no dispongo ni de dinero para poder llamar a mi hija, hasta el sello y el sobre con que le escribo es regalado, entienda mi situación. Sólo le pido eso y que me de la dirección de Menores para poder yo escribir a la asistenta social BB de la cual solo recuerdo su teléfono y no tengo medios para llamarla y necesito urgentemente hablarle de mis hijos. Hágame ese favor, por Dios se lo pido. Necesito a mis hijos más que al aire, me muero, me consumo sin ellos. Ayúdeme, por favor, ya sé que no podré pagárselo en la vida. Con cariño, le saluda atentamente, CC.
En una prisión estatal, una mujer de 21 años, cumpliendo condena de 6 años por tráfico de estupefacientes, lo mismo que su pareja.
Hola mi niñita, soy mamá. Ahora mismo no estoy contigo porque estoy enfermita y me estoy curando, pero tu sabes que mamá te quiere a tí mas que a nadie y en cuanto pueda te voy a ir a buscar y ya nadie va a tener que cuidarte mas que tu mami. Se buena con las monjitas que yo sé que tu eres un bichito muy travieso cuando quieres. Te quiero mucho, mucho, muchísimo, mi niñita, no te olvides nunca. Mamá se acuerda de tí siempre, todos los dias, y nunca te dejará de querer, porque eres mi hijita preciosa, la más linda y bonita del mundo ¿verdad que sí, mi amor? Papá también te manda muchos besitos y te dice que te quiere mucho. A tu mami todavía no le curó la pupa, pero ya verás como rapidito mami te va a buscar y te pilla por las orejas y el culete ese gordocho que tienes y ya no te suelto nunca más. Prontito prontito te voy a ir a buscar, tu no llores nunca que sino mami llora también, ya lo sabes. A comer mucho y jugar y ser buena, mi bichito, vete mucho a la piscina y ponte morenita, quiero ver lo guapa y grande que estás ¿tienes los ricitos que tanto le gustan a mami? Yo también me he cortado un poquito el pelo ¿sabes? Ya te llamaré por teléfono y me cuentas como está nuestro bebé, me han dicho que ya gatea y supongo que cada día será más juguetón y ahora te gustará más jugar con él, cuidalo mucho, mi niña, que es muy chiquitín y no tiene a su mamá por ahora, solo te tiene a tí, que eres su hermanita mayor. Te quiero mucho, mucho, mucho, mucho, mucho.
En los años posteriores hubo llamadas y cartas semanales, visitas esporádicas de la madre y salidas de los niños con una familia de acogida.
cae la lluvia, lisa, llana, mansa. te empapa lenta y continuamente, por noches y días, profundizando en tu tibieza, fertilizandote. cuando asome el sol y te envuelva con su calor, estarás tan húmeda y cálida que se abrirá el vientre de las semillas que escondes en tu seno blando y, empujando suavemente asomará, latiendo, la vida.
fría, dura, áspera, de piedra es su mirada. me penetra arrastrando hacia mi interior la escarcha del verde de sus ojos congelándome, convirtiendo mis lágrimas en carámbanos. su aliento gélido vuelve el aire irrespirable. estoy tan rígida, áspera y tosca, tan insensible que yo misma soy ya, también, de piedra.
Años, hemos estado los dos recorriendo los laberínticos pasillos de ese bajo-cubierta cegado de ventanas, iluminado por la misma luz fluorescente de las morgues, atravesado por los tubos que todos los edificios tienen en sus interiores, cuyo destino es un arcano para la mayoría de la gente.
Con la mirada del que se sabe conocedor de un secreto me cita, misterioso y enigmático, "a las doce menos cinco bajo los tubos". Curiosa como niña y desconfiada como vieja, voy, puntual, como un clavo. Le sigo por el pasillo, callados doblamos el recodo y allí está: una escalera metálica plegable, endeble y temblona, colgando del techo hasta el suelo. Este submarino de piedra tiene una escotilla camuflada!. Sube con habilidad, levanta la claraboya oculta y la luz directa del sol entra brillante, detrás espera el azul lejano. Subo yo por la escalera empinada y oscilante, agarrandome bien, temiendo mi torpeza pero excitada y expectante, sintiéndome arriesgada y aventurera. Al sacar la cabeza del caparazón de la tortuga gigante me veo sobre el tejado. Con algo de vértigo observo encantada ese mundo escondido en el mismo corazón de la ciudad. Hileras de buhardillas con sus caballetes recubiertos de tejas coronan los tejados, unas recién restauradas, otras viejas y destartaladas. Y terracitas con verjas de forja de distintas formas y tamaños. Detrás de las galerías y ventanas se adivinan los interiores de las viviendas. En una de ellas hay un cojín, será para que tome el sol el gato (claro) que no tarda en aparecer y es pardo (claro).
Desde esta nueva perspectiva puedo medir las distancias en línea recta ¡que cerquita está todo! ahí mismo las torres de la iglesia, y allí el ayuntamiento y aquél es el reloj de Correos, ese hueco es la plaza, y casi al lado la fachada del mercado! Que distinta parece la ciudad de siempre!
De repente suenan las campanas del reloj del ayuntamiento, salen volando las palomas y tiemblan los cristales rotos de las buhardillas deshabitadas. El sonido me llega nítido, sin obstáculos y tengo los cinco sentidos puestos en este instante: oigo las 12 campanadas del mediodía, puedo oler el mar tan cerca, veo esta luz nueva instalada en los tejados y noto el frío del hierro al que me agarro mientras trago la saliva dulce de la sorpresa.
Cuatro dias después de Reyes, a las 9 de la noche, un hombre que llevaba un bebé en brazos de apenas una semana, llamó a la puerta de la Inclusa. No quiso dar su nombre, sólo dijo que la niña no estaba bautizada ni apuntada en el Registro Civil y entregó un sobre pequeño, que contenía un papelito escrito con letra culta y fina:
"Quiero que se bautice a esta niña y se le ponga Mª del Pilar. Que no se la entreguen a nadie pues vendrán sus padres un día a recogerla. La Coruña 10.1.1942"
La niña estaba envuelta en una toquilla grande de lana y vestía camisa, chambra, ajustador de crespón de color rosa, jersey de lana del mismo color, patucos de lana blancos, faldón de percal fino a rayas negras y de color rosa y pañal de algodón fino. Prendida en la ropa una medallita de la virgen del Pilar.
En el sobre que contenía la nota, alguien escribió posteriormente: "Falleció a las 23 horas del día 19 de febrero de 1942 a consecuencia de gripe, según dictamen facultativo"
Que no se la entreguen a nadie. No contaban con el señor Muerte. Hoy María del Pilar, (Pili, Pilarita, Piluca, Pilar) vino a conmoverme desde su olvido.Tengo en mis manos la nota, el sobre, y la minúscula medalla: todo lo que dejó esa niñita en este mundo lleva durmiendo 66 años en un archivo. Tal vez sus padres fueron a recogerla tiempo después. Ojalá que no.
El moisés de tres colores abre su ojo verde y separa en dos el mar de coches, dejando paso al ejército sin nombre que espera, impaciente, para alcanzar la otra orilla. Con el tráfico detenido -movimiento y ruido- me es posible abstraerme y, por arte de magia imaginaria, hago una pausa temporal y voy metiendo en la Gran Chistera todas esas cucarachas de colores con patas de caucho y ojos luminosos.
Que distinto queda el barrio! con la calzada vacía las figuras humanas toman relieve y se convierten en personas que tienen cara, y cuando me miran me ven. En la acera de enfrente la gente entra y sale de los establecimientos: una cafetería, al lado un mesón, una tienda de telefonía móvil, ultramarinos, el bazar chino... todos con sus carteles luminosos, con actividad. Hay gente que se encuentra y se saluda efusivamente, mujeres riendose haciendo corrillo, otras comprando, jubilados que se quejan de como va el mundo, chicos que miran a las chicas cuando pasan con sus faldas cortas... pero si es un barrio con mucha vidilla! cuanta animación y colorido! le añado ahora el espacio imaginariamente vacío y al llenarlo parece de otros tiempos, de otras memorias, hasta hay niñas jugando a la mariola y viejos sentados a la sombra de árboles que no están en el verano que no es...
Cuando Moisés parpadea se me escapan las cucarachas de la Chistera, y una gran ola de coches estalla en ruido de motores contra el asfalto, el mar se ha cerrado de nuevo, y los sonidos y movimientos humanos se reducen a mínimas señales, todos volvemos a ser solo instantes, entre coche y coche que pasa. El barrio ya es como cualquier otro: solo manzanas de casas con comercios en el bajo.
al pasar se me caen encima las frases inacabadas que los demás dejan flotando
...eu, ainda me justa mais ajora que cando era moza...
era la voz de un viejo. me volví para observar: cuatro o cinco personas mayores formaban un corrillo, y el que hablaba tenía su brazo sobre el hombro de una anciana. la miré, yo a ella. y entonces ella me miró a mí. y sonreímos al mismo tiempo: ella con satisfacción, yo con envidia.
Los peajes de las autopistas, los paisajes que ves desde el tren cuando se para, no existen más que cuando estás en ellos. El resto del tiempo no están allí. Me cuesta mucho creer que sean auténticos, que para algunas personas esas imágenes que yo veo como decorados, formen parte de su vida diaria.
Domingo. Carretera comarcal, a pocos km. de Coruña, desierta a la hora de comer. A los lados de la vía solo hay hortensias que adornan los cierres de las fincas. Pero en un punto empiezo a ver coches aparcados en la cuneta, cada vez más. Y, enseguida asoman las cruces de un cementerio. Pensé: "este entierro debe ser de alguien relevante del pueblo".
Unos metros más allá, nada más pasar la tapia, adosado a ella, el palco de la orquesta, los chiringuitos, los puestos de algodón de azúcar, la música... bailaban algunos durante la sesión vermut. Los vivos y los muertos están de fiesta.
En algún tiempo el domingo tuvo magia, un aire de fiesta, una luz especial. ¿Cuando se convirtió en un dia tedioso? Hasta la vida pierde el paso, acostumbrada al ritmo rápido y marcado por el reloj de la semana. En la ciudad casi no queda gente: muchos se van, y otros se esconden en sus madrigueras.
Pero algunos domingos todavía me traen olor de empanadas calientes, de pastelitos en bandejas atadas con un cordón rojo para llevar de postre a casa de la suegra. Me huelen a gritos de niños en la plaza, a silencios de jóvenes durmiendo en habitaciones en penumbra. A mujeres mayores con peinado de peluquería caminando de vuelta de la iglesia. A pachangas de fútbol de tíos sudorosos en las playas. Huelen al vermut de las terrazas, a cine con palomitas.
Los campos que rodean la Torre de Hércules, aunque convertidos en parque, conservan la vegetación natural -tojos, brezo, y muchísimas especies de plantas, todas silvestres- explotaban hoy de belleza. A las 3 de la tarde, el olor sosegado del heno mezclado con el aire salado de las olas rompiendo contra el acantilado, conformaban en la hora de la siesta un ambiente de paz... En el lado abierto al mar, todo azul hasta América y en la parte resguardada del viento, otro mar de hierba verde salpicada de flores silvestres, de insectos, de pájaros...
Pero no me duró mucho esa paz, porque de repente recordé la cadena trófica cuando ví a uno de los pájaros zamparse un insecto. Y que el gran organismo viviente es el Planeta. Todos los seres vivimos gracias a él... sostenemos una lucha de todos contra todos para sobrevivir... El ambiente ya no me pareció tan bucólico. Creo que la humanidad es un virus que pilló la Tierra.
Y también recordé la leyenda de la Biblia: la de comer del árbol de la Ciencia... ojalá yo fuera como un gato que duerme al sol con la barriga llena y solo se preocupa de buscar comida cuando tiene hambre, y mientras disfruta del presente, del sol y de su panza... Pero yo comí del árbol, y ahora estoy fuera del Paraíso.
Cuando ya me iba, -expulsada por mi propia mente- sonó una gaita, allí al aire libre ¿de donde viene?, al dar la curva al camino veo a Lian, el flaco y extravagante gaiteiro irlandés, peculiar e inconfundible. Le hice una foto con mi teléfono móvil, sin que se diera cuenta, -porque no creo que le hiciera gracia- pero no pude resistir la magia de ver a un viejo gaiteiro con boina -aunque sea irlandés- afinando la gaita, solo y, detrás, recortada contra el cielo, la torre del faro más antiguo del mundo.
El aire, el sol, el mar, el silencio. Las rocas (entre sus rendijas crecen flores asombrosas y pasean lagartijas) despiden calorcito. Me apoyo en ésta, que me invita y dejo a un ladito el miedo (por un rato)
Este dia gris en primavera atrae nostalgias, bostezos -lánguidos o no- e invita a café y sofá... Ayer el sueño se resistió a venirse a la cama conmigo, y estuvimos enfadados toda la noche, pero esta mañana el despertador sonó sádico en su terquedad con su timbre irritante. No pensé que era viernes, sólo que el día venía hacia mí como una apisonadora. Menos mal que algunos resortes "sanos" que aun me quedan en el cerebro, hacen sus deberes y en poco tiempo convierten esa pesadilla del despertar en una inauguración de puertas abiertas... -aunque pocas veces asista gente-
El cielo gris, el mar gris, hasta yo parezco un poco gris.
Fui a dar un paseo con mi hijo para ver el mar. Olía a sal y a tierra mojada.
Y a gris.
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Esta foto está tomada en el Parque de la Torre, al borde del acantilado.
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El oleaje producía un gran estruendo, cerca de Punta Herminia.
Estuvimos de curiosos,como algunos otros, aventurándonos a que se nos llevase una ola paseando por la Rotonda. Nos despedimos mientras el dia imitaba el anochecer a las 4.30 de la tarde.. Co
Continué mi paseo hasta la Torre de Hércules.
aquí aparece recortada contra el cielo oscuro.
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En los campos que rodean la Torre, los días de viento suele haber gente volando cometas.
Nos vi volando nuestra cometa, mi niño de 8 o 10 años y yo, corríamos gritando y riendo. En mi recuerdo la cometa de mi hijo semejaba la forma de un dragón, caía hacia nosotros con sus ojos rojos y amarillos , nos embestía en picado.
Comenzó a granizar. El viento me lanzaba los pequeños trocitos de hielo contra la cara.
Dolía. Pero no tanto como duelen las lágrimas de la añoranza.
Esa manía que me entra de querer aprisionar los instantes...
El domingo era un dia precioso, fresquito pero soleado.
Paré el coche en esta carretera. A ambos lados, salen caminos de tierra,o semiasfaltados que atraviesan el bosque y llevan a lugarcitos con unas pocas casas salpicadas entre praderas y montes suaves.
El sol se filtraba en los claros. Olía a tierra húmeda, a pinos. Me paré a escuchar el silencio. Sólo se oía el aire moviendo las copas, y un cuervo que grazna, y a lo lejos un perro ladrar. Y de pronto un reptil se escabulló entre la maleza. Vi vacas pastar, vacas rubias galegas. Y un burro dormía al sol en un campo donde asomaban las primeras margaritas. Un caballo blanco dejó el pasto para observarme pasar. Y un conejo atravesó rápido el camino. Un enooorme conejo. Sonreí para nadie. ¡Había visto un conejo corriendo con sus extrañas patas traseras!
Que afortunada soy, a menos de una hora de camino tengo todas esas maravillas.
Y más afortunado es mi amigo Carlos, porque en ese lugar tiene su casa.
Después de un oloroso café tomado delante de su casa, afuera, al sol, me llevó a que viese un lugar que había descubierto (que siempre había estado ahí, como América antes de Colón): un río, con las orillas alfombradas de hojas secas bajo las que existe todo un mundo. Un sendero, un molino, una colina, un bosque. Una anciana de transparentes ojos azules y una hermosa sonrisa, que nos ofreció su casa de piedra, con su chimenea humeante.
El humo ponía veladuras azules en el aire húmedo y verde.
Subimos el camino esponjoso por el musgo, apretando los anoracks contra el cuerpo. El aire cada vez más frio por la humedad que subía del río. Los últimos rayos del sol languidecían ya detrás de la colina.
Algo tiene de especial un regalo material procedente de un ser querido que está lejos, que lo tocas y lo sientes, y es como si los objetos trajesen algo pegado...
Como un rastro del campo magnético de las manos que lo envolvieron y lo tocaron.
Y seguramente así es.
Me gusta imaginar que cuando ese objeto personal fué envuelto, las manos queridas que lo hicieron descargaron algunos electrones, y esa electricidad estática viajó muchos km. y cuando yo lo abro, me recorre.
Y por eso la sientes.
Ya sé que es solo un cuento bonito, como los de hadas.