sin pena ni gloria

unha emoción compartida
é un contrato íntimo
que vai máis alá das palabras

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PRETÉRITO IMPERFECTO

y lo que es peor... futuro dudoso

Reconciliación

Publicado en 15 de Julio, 2010, 15:29. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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     Como por ensalmo y sin saber muy bien por qué, como pasan las cosas importantes, este fin de semana me reconcilié con mi aldea. De alguna manera recuperé Dornelas para mí, el lugar que fue mi universo hasta los 7 años. 
      En la adolescencia Dornelas se llamaba vacaciones. Se llamaba lectura a la sombra de los robles, bocadillos de nocilla, canciones en la radio. Se llamaba fiestas, hablar de chicos, pensar en chicos, soñar con chicos.
      De joven, la aldea era un sitio claustrofóbico y aburrido que pisaba lo menos posible y a donde mi madre se empeñaba en seguir yendo. Volvía con noticias: Murió fulanito. Hay que cambiar el portal de la eira que está cayéndose. Van a parcelar las tierras. Perdimos la finca del Reboiro. Hay goteras en el tejado. Se secó el melocotonero de los melocotones grandes. Menganito montó una granja de cerdos y ahora aquello apesta. Abrieron un supermercado al lado de la carretera [y menos mal, porque ya no se puede comprar leche a los vecinos (¿por qué?, mujer porque la gente ya no tiene ganado!. Y entonces como labran las fincas?. Pues con el tretor!, ah...)].
      Siendo ya una mujer, Dornelas fue punto de reunión familiar unos días al año: Nos juntábamos hermanos y hermanas, con toda la sobrinada; los franceses con los ingleses con los coruñeses; los únicos días del año en que mi madre tenía una cara como la de la luna llena en un cuento para niños.
      Cuando ella enfermó, en los años dedicados a su cuidado, la aldea quedó lejos de nuestras vidas. Dornelas era sólo un nombre. Allá la fuimos a enterrar, donde ella quería, en el terruño del que nunca se había alejado en su corazón. Para su tumba encargamos una losa de granito. Llovía el día del entierro, era noviembre. Mucha gente muere en noviembre. En el atrio mi hijo me tenía el brazo echado sobre el hombro y se corrió el rumor de que me gustaban jovencitos. Recordé con tristeza cómo temía mi madre que nos criticasen y cuanto había detestado yo ese sometimiento de la gente ante el ojo vigilante de los cotilleos, ese tener que ser conforme al estándar que era obligado en Dornelas [y en casi todos los sitios pequeños], donde la singularidad se pagaba con el alejamiento o el desprecio; ese vivir prisioneros de la apariencia, pendientes de los juicios y prejuicios de los vecinos. Comprendí que yo no pertenecía a aquél sitio desde hacía muchos años, que me había desvinculado afectivamente de la aldea actual. Y convertí Dornelas en un paisaje, la que contenía los recuerdos que se reducían a la niñez y a la adolescencia. Un paisaje que me iban estropeando. Desaparecían fincas y viñas, prados, fuentes, robledales, castañares. La maleza atascó los caminos, disfrazó los vallados, secuestró mis recuerdos. Sin embargo los montes quedaron hendidos por incontables carreteras comarcales, tronzada su paz, descubierto su misterio. En cada visita me sentía más ajena y decepcionada. Sólo de vez en cuando surgía un rinconcito que aún conservaba su esencia, y rebullía en mi interior la niña dornelá que fui.
 


      Pero este finde pasado, algo me llevó allá y mientras daba un paseo por los sitios que me cuesta reconocer, de pronto comprendí que a la aldea sólo le pasó lo mismo que al resto del país, lo mismo que a Coruña: los lugares que están vivos son cambiantes, dinámicos, reflejan la vida de quien los habita, se moldean a los tiempos. Las catedrales al lado de las casas de diseño vangüardista, todos los elementos en un acoplarse sorteando el caos. Y cambié mi punto de vista: me alegra que Dornelas estuviera viva todos estos años, que hubiera evolucionado con las gentes que la habitaron. Quedar detenida en el tiempo para una aldea significa estar vacía, sin vida, desaparecer.
      Subí a otear para re-situar mi mapa mental en la orografía actual (los cambios realizados por el Plan de parcelación de las tierras y los más recientes del paso del AVE), recorrí las carreteras en coche, caminé por los renovados caminos y adiviné en las piedras de las casas reconstruidas aquellas otras piedras grises con musgo y líquen, y en los tejados relucientes los viejos tejados ondulantes en los que crecían helechos. Reconocí debajo de los porches con muebles de jardín los antiguos alpendres que albergaban carros y arados, yugos y grades. Y donde ahora hay césped y barbacoas para el churrasco, estaban las eras donde se majaba el grano y se apilaba la paja.
      Ha llegado la hora de re-conocernos, de que Dornelas reconozca a su niña debajo de mi madurez y yo la reconozca la ella, por encima de su progreso, porque las dos seguimos siendo nosotras.
      Nunca se sabe! lo mismo cuando me jubile vuelvo a vivir allí, y así cerrar el círculo [si el Azar lo quiere].

El post original en gallego y comentarios, aquí 

o día que a vin

Publicado en 8 de Enero, 2010, 13:58. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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esperta!, vas ver unha cousa... brincábanlle nenos na mirada, e iso sí que era raro, que estivera tan contenta. qué pasaría!. qué é? qué é?. tí ven. pero vai frío!. veña, nogallá, bule, pon as katiuskas. e levoume á porta da eira, abriuna amodiño coma quen descorre o telón, con aquela cara intrigante, e vin ese manto branco que non sabía o que era, nin como se chamaba. qué é? qué é?. nunca tal vira. non me atrevía a botar o pé da porta, pero se miña nai sorría, malo non podía ser, e saímos, e afundiamos nesa capa brandiña. qué é? qué é?. e toqueina, estaba moi fría, e quedei sen tento nos dedos. rodeamos a casa, e vin asombrada a eira enteira dunha soa cor, coma si tivese un vestido con puntillas nas silveiras do valo, alá no cabo, onde empezan as chousas, e oín risas que viñan do camiño, meus primos tirábanse bolas uns ós outros, e eu entrei nese xogo que non tiña normas que aprender, estomballámonos no chan, rindo, pero ninguén nos berraba. canto mudara o mundo nunha noite!, e preguntei se todo ía quedar así para sempre. non era porque parecera domingo, se non
por aquela risa
na cara de miña nai.

-


remedio para o frío

Publicado en 19 de Diciembre, 2009, 0:57. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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fotografía de chema madoz (madrid, 1958)

chemamadoz.jpg

qué frío vai!. o mellor para este tempo é o viño, que quenta o corpo e o espírito. iso dicía meu pai, que era alcohólico.
rabentoulle o fígado.
pobriño, canto frío tiña que ter...

.

*en moitos paises do norte de europa, beben viño quente. seica cun vaso abonda para escorrentar o frío do corpo. (para fríos doutra caste, é arriscado, porque non se sabe).


sospechosa objetividad

Publicado en 18 de Noviembre, 2009, 11:17. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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en la tele hablan de la liberación del alakrana tras pagar el rescate a los piratas somalíes.

yo me pongo crema de manos.
la piel seca forma pliegues, surcos, millones de arruguitas.
mi mano es ahora una pequeña silueta a contraluz,
la miro atenta y objetivamente.
ella es el resorte, el detalle que me trae la ráfaga de recuerdo de esa otra mano que la muerte escondió en su vacío.


-pacita
-qué
-ven, mira a miña man (la observaba fijamente mientras la giraba en el aire)
-qué lle pasa?
-é a man dunha vella!
-e logho, tí cantos anos tés?
-pois terei... terei... por aí vintedous.
-vintedous? e eu? cantos anos pensas que teño eu?.
-tí terás trinta ou corenta
-e quén son eu? qué son eu de ti? 
-tí es filla miña (por unos segundos se abrió la cortina de la lucidez en las sombras de sus ojos, y se reía, consciente de lo incongruente del asunto)
pero quién necesita la cordura. escondió su mano bajo el edredón y lo olvidó inmediatamente. yo me quedé rumiando acerca de qué cosa somos.

la tele rompía el silencio hablando de la tragedia del camping de biescas.

.

Manos de Amor en Clave Alta por P10NERO

fotografía expuesta en la Galería de P10NERO  de flickr 


la nota anónima

Publicado en 3 de Octubre, 2009, 23:27. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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puede que fuese viernes, y por eso llegó más contenta al trabajo, o quizá había pasado la noche con Amado Escurridizo, porque esa mañana se sentía bien. hasta había tenido tiempo de colocarse la boina negra sobre el pelo suelto, un poquito torcida hacia la derecha, para darle un toque gracioso. algunos madrugadores ya esperaban. se acercó el primero, y ella le ofreció una sonrisa fresca como la mañana:

-hola!, buenos días.

*este sábado trabajé. tuve que hacer una sustitución en el que había sido mi puesto hace unos 10 ó 12 años. me encontré yendo hacia atrás, por los años, y la ví tal como era, a ella, a la que fui. allá andaba, tan enredada y complicada con sus dramas, que no se enteraba de nada. y por éso, me gustaría reclamarle. sin embargo, le estoy agradecida por haber guardado, como al descuido, aquella nota anónima que me hace sonreír con ternura desde el presente, y pensar que tenía que haberme querido a mí misma un poco más.

carta anónima

"A ti, mujer, y para que la vida te ayude a ser como eres. No sé tu nombre y poco importa.  Tu cara, tu voz, tu sonrisa al llegar a tu trabajo, tu amabilidad, me arrastró al papel. Tu rostro enmarcado por la boina negra..."


a nena (serie para la caja de recuerdos)

Publicado en 10 de Agosto, 2009, 1:25. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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seguindo as pegadas das paisaxes da infancia, fun dar á casa onde vivin o meu terceiro e cuarto ano de vida, esa edade na que a memoria empeza a acugular lembranzas no disco duro. 

ó dar a curva do camiño, apareceu a eira no alto, diante dos meus ollos, rodeada de valados e portalóns, agochando a casa entre as árbores, inaccesible.

o que podía ver dende fóra casaba co gardado no fondo da memoria da meniña que fun. ela quería entrar e eu comprobar que os meus recordos non eran construccións da memoria contada, transmitida, senon orixinais. sabía que a casa estaría baldeira, que non vive ninguén alí. Os herdeiros da vella ferreiriña vivían fóra, seguro que pagaban a alguén para que a coidase porque, milagrosamente salvouse, tanto de ser comesta polas silvas como de reformas modernizadoras. e agora alí estabamos nós as tres, a casa, a nena que fun e mais eu. a casa ben protexida por muros altos de máis para apuliñar por eles unha oficinista sedentaria e fondona coma mín, pero fíxeno. entrei na propiedade furtivamente, metinme nesa estrana dimensión da man dunha nena de catro anos que traspasou o espazo temporal. eu só andiven a meter o dedo no burato da incredulidade:

todo estaba alí,

encheronselle de bagoas os ollos á nena, veña a petarlle o corazón no peito e eu podía sentir sobre min as pantasmas axexando dende as fiestras, rebulindo incómodas coa miña presencia 

normal que non me recoñecesen.


**"a casa da nena", album de 14 fotos – 6 MB público-agosto  9, 2009

flash-back (serie para la caja de los recuerdos)

Publicado en 12 de Febrero, 2009, 1:30. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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en el tejado del nº 26

y a mi, que me encantan las escenas de pelis en las que los protas vuelven a un lugar en el que transcurrió una etapa importante de su vida pasada, y allí está, pongamos, la vieja casa familiar semi derruída, con sus desconchones en las paredes, la puerta descolgada sobre goznes oxidados que el aire golpea,y un remolino de hojas llevadas por un viento otoñal le (nos) transporta, por la magia del cine, a un tiempo pasado y podemos ver la misma casa, ahora nuevecita, llena de vida, con su verja blanca, y puede que incluso sea primavera ya y la luz lo llene todo, y veamos al personaje aparecer tal como era, y contemplamos hechos y personas que sucedieron en su pasado, quizá su infancia o adolescencia, y acabado el flash-back nos devuelve al presente con la casa desvencijada y un poso melancólico y nostálgico... pero en la vida real no todas las escenas revividas son así, porque hoy, después de visitar a belén en su recién estrenado piso, que está en el barrio de mis 16-19 años, me entraron ganas de ver cómo habría cambiado el barrio, al reconocer un escaparate que todavía tenía aquellos maniquís de sólo medio cuerpo, y los artículos expuestos de una manera tan anticuada que resultaba anacrónico. qué decadente se veía en medio de los nuevos edificios, así que fuí hasta mi antigua calle, con una sonrisa bobalicona reconociendo rincones, y quise ver la casa en que viví, que antes era azul y ahora es amarilla, y era la más alta de todas, pero ya no, y desde el ático se veía el mar todo alrededor, y ví que era el número 26, y entonces recordé que era el 26 mi portal, ése en el que buscábamos las sombras para explorar los caminos del cuerpo que la ropa escondía. yo no contaba con que todo estuviera casi igual, el kiosko, la cabina de teléfono, aunque antes era cuadrada y cerrada, como la de josé luis lópez vázquez en el famoso cortoy el bar baldomero con el cartel de los domingos hay callos, y la casa a la que iba a hacer de canguro de un bebé llorón, que ésa si tiene desconchones y está sucia, y el padre del bebé me ponía en el tocadiscos la casa de sol naciente y me decía si bailábamos, que no hay nada de malo, there is a house in new orleans, they call the rising sun, cantaban the animals en el disco de vinilo, pues entonces porque me lo dices cuando no está tu mujer, cabroncete, pensaba yo, pero no me atrevía a decir, y me sentía incómoda y nerviosa. en el bajo, la librería está vacía y con el escaparate roto, y de nuevo al ver el nombre de la librería lo recordé, y enfrente sigue la casa de mi novio, ahora restaurada y con nuevos dueños, y él ahora ya no es mi novio que es mi ex, pero allí, hoy, mirando hacia el primero, reconociendo la ventana  de su habitación, volvió a ser mi novio, el que por las noches encendía y apagaba la luz, tres veces y yo miraba desde mi casa alta y azul, y hacía lo mismo, porque era un código para decirnos pienso en tí. oh mother tell your children not to do what I have done, spend your lives in sin and misery in the house of the rising sun, uff pero qué me pasa que no puedo respirar, y cuanto hace de aquello? pues más de 30 años, dios, no venía preparada para que me saltaran encima los recuerdos como garrapatas. bajo de prisa la calle, y ahora en vez del muro de la traída de aguas hay un centro cívico, pero al doblar la esquina, allí está el parque de marte, que todos le llamaban el campo volante, ahora camino más pesada, pero antes lo atravesaba ligerita, caminando, cuatro veces al día para bajar al centro y para subir al mediodía, y lo mismo por la tarde; y ahí sigue este kiosko también, parece que los kioskos sean eternos, perdurables en el tiempo, recuerdo hacer unas fotos ahí, en blanco y negro, con mi faldita corta de cuadros y la camiseta roja, y me acompañaba mi chico cuesta arriba, cuesta abajo. el parque está igualito, pero joder que me pasa que no puedo respirar, y me pongo a hacer fotos con el móvil, y como es posible que todo esté tan igual y en cambio yo sea ya otra persona, pero que clase de flash-back es éste, que el barrio está más nuevo que antes, y la anacrónica soy yo. están las cosas pero falta la gente que entonces frecuentaba, porque muchos habrán muerto, que tenían entonces los años que yo tengo ahora, y otros se fueron a vivir a otra parte, como yo, que también me fuí, y ahora no veo la pantalla para enfocar la foto que se me llenaron los ojos de estas absurdas lágrimas, que estoy emocionadísima. pues me va a dar igual, porque yo estoy viva ahora mismo, que es cuando quiero vivir, right now!, pero me falta el aire, necesito contarle ésto a alguien, echarlo afuera, pero ¿a quien? no me sirve nadie de ahora, tendría que ser alguien de entonces, alguien que hubiera visto por las ventanas de mis ojos, sí claro, mi ex, y sin pensarlo marco el número guardado en la memoria del móvil, y ya las lágrimas me saben a salado, porque se cuelan por la comisura de la boca, y enfrente está la academia cervantes, joder no puedo respirar, y la llamada va vía satélite del tiempo camino del pasado, cuando sale buzon de voz vodafone, menos mal que no está, porque a ver, qué le iba a decir cuando oyese mi voz entrecortada y la nariz mocosa, y me tiemblan un poco las piernas, creo que estoy mareada, eso es porque respiro demasiado profundo, porque claro, como no puedo respirar...
y me voy al lado del mar que está  bajando una calle más, que dicen que los iones negativos te descargan de la electricidad estática, o algo así, a ver si me tranquilizo. echo de menos mi libreta para escribir, pero ya no tengo libreta, ahora teng el blog, que no es lo mismo, pero es igual, y hasta puedo poner las fotos, y será como guardarlas en la caja de los recuerdos, que ya no destaparé hasta los 80 años, cuando ya la memoria es la vida que tenemos,

pero no ahora,

puto flash-back de los cojones.


carta abierta a un amigo (serie para la caja de recuerdos

Publicado en 9 de Julio, 2008, 19:00. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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Diente de Leon, Dandelion. por Vvillamon.

foto de la galería de villamon en flickr

Meu ben querido amigo:
Siempre bromeamos con eso de que somos como un matrimonio de muchos años y por eso nos llevamos tan mal y tan bien a la vez, ya que nos conocemos mucho.
Son 20 años viéndonos todas las mañanas en el trabajo:
- buenos dias
- mmmmm
Ahora que te marchas a trabajar al otro lado de la ciudad y no te veré al entrar cada mañana ahí sentado, con tu rebeliónpuntoorg, creo que voy a echarte muchísimo de menos.
Recuerdo cuando apareciste en tu primer día, con tus 23 añitos y dijiste:
- ola, son carlos. (entón eras galego falante e agora fas coma mín, ás veces elo e ás veces non). Parecías tímido y yo pensé, oh que tiernito, y me caíste bien. Tú pensaste que yo debía de ser un poco monja, porque vestía de negro y viste entre mis libros una biografía de santa teresa, que era para mi madre.
Y cuánto hemos trabajado juntos, con aquella ilusión por hacerlo bien del principio
Y cómo el trabajo nos fue desencantando, pero a cambio, vagueamos y nos divertimos más
Y en este tiempo compartimos a las personas que fueron pasando por nuestras vidas y nuestras propias vivencias. Fuimos los más intimos confidentes y consejeros acerca del amor, acerca de la vida.
Y vivimos ese pacto en que nos prometimos contar el uno con el otro, no hasta 2 o hasta 10, sino contar conmigo, como dice Benedetti.
Y supimos qué suerte era tener un amigo, una amiga, que podíamos ver en el trabajo cada día.
Y recuerdas cuando cambiamos la hora del café por la del vinito y nos escapábamos hasta los castros a tomar las tapas de pulpitos a la plancha en el bar de Jacinto?. También pasamos buenos ratos durante los copiosos desayunos en el Gastoff, con aquél camarero tan generoso al que le caíamos bien, que te traía unos enormes tresenuno y a mí me ponía espárragos de escaqueo para acompañar la tortilla francesa. Jugábamos a adivinar cual de nosotros dos era el que le gustaba, porque tú asegurabas que tenía pluma.
Y aquella época de gato que se va por los tejados que tuviste, cuando yo intentaba cubrirte si te quedabas dormido. O acudía presurosa en tu auxilio, a veces aunque no enviaras S.O.S.
Y los meses de los becarios italianos.
Y esas otras temporadas en que tú le echabas un pulso a mi tristeza, para quitármela de encima.
Y los socavones de alejamiento mutuo, que también los hubo, pero que, aun en esos tiempos peores, siempre acudían nuestros nombres a señalar los dedos de una mano al contabilizar los amigos de verdad
Y por eso nos elegimos para ser depositarios de nuestros testamentos de voluntad
Y un día apareciste con la pipa de la paz, que era verde con florecitas blancas.
Y no bastaron los reproches de puntualidad -o la falta de ella-, ni aquella guerra del agua, ni las frases hirientes, ni los focos de luz en los rincones en penumbra, ni las distimias, ni los egocentrismos variados, para anular lo que construímos.
Y ahora te marchas.
Y yo me alegro tanto por tí... porque sé que vas a estar muy bien y se amplían tus horizontes, y el trabajo será mucho mejor y ganarás más. Aunque yo miro para el ordenador de enfrente
Y no me gusta nada ver a la ausencia sentada en tu mesa.

la dracena de la familia

Publicado en 9 de Octubre, 2007, 17:18. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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En 1980, cuando me compré la dracaena , eran tan caras para mís primeros y pequeños sueldos... 

3.000 ptas. costaste y te llevé conmigo a casa, ¿te acuerdas? Te coloqué en un macetero que imitaba un barril y te ponía aquí, o allá, tobservando el efecto tan acogedor que dabas a la sala. Cuando estaba viendo la tele te echaba miraditas. Y llevas conmigo 27 años!. Viniste conmigo en los siete u ocho cambios de domicilio, y siempre estabas ahí, calladita. Lo malo que tiene la convivencia es que uno se acostumbra, y poco a poco te fuiste haciendo invisible: aguantabas poca luz y mucha luz, sobrevivías sin agua y a los ahogos. Te podó mi madre aquella vez, para que se desarrollasen aquellos brotecitos nuevos que echaste, y viste, que le reñí. Cuando te ponías un poco fea, porque te ponías a veces tonta, yo te relegaba a pasillos sombríos, a lugares con corrientes de aire o a la esquina de la cocina, y aguantabas estoicamente las pequeña capa de grasita que se iba depositando en tus hojas...  Hace algún tiempo tenías mala cara, pero yo estaba liada, y tu eres fuerte. Los meses fueron pasando sin que yo hiciese nada.  En esta nueva casa me dediqué a decorar entusiasmada la terraza, con nuevas plantitas con flores

Hoy te vi casi muerta: los tronquitos pelados, secos. Te queda en uno de ellos un poco de savia que llega hasta las últimas hojitas enfermas. Estoy un poco triste. Quiero que sigas conmigo!. Ni siquiera te había puesto un nombre.

La acabo de podar, de abonar, la puse en un lugar con más luz... pero no creo que sobreviva.

A veces con las personas que están a nuestro lado nos ocurre lo mismo. Siempre están ahí, y no les prestamos atención, ni nos damos cuenta de que envejecen, o van perdiendo su salud. Cuando nos percatamos... es demasiado tarde, y nos dejan para siempre.


A casiña da avoa (para la caja de los recuerdos)

Publicado en 18 de Agosto, 2007, 2:59. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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"A casiña da avoa
ten moitas cousiñas ten, ten unha eira, ten o palleiro, ten a figueria tamen...
ten mazás, tamén ten peras,
ten gorrións debaixo das tellas
do piorno... "
"Fuxan os ventos"

El tren de alta velocidad atravesará la pequeña aldea donde nací. Túneles, puentes hirientes a la vista, el camino del progreso se traga casas e historias.

Como a casiña da avoa, que xa é do AVE.

Hice algunas fotos, me lo pedían los misterios que esconde, los secretos que se lleva, como la pistola que apareció entre los escombros cuando se cayó un muro de la cuadra, el olivo, que nadie recuerda quien lo plantó. 
Algunas viejas cepas de la viña, traídas de sitios lejanos...

Alí están as ruinas da casiña da avoa, testigo e representante da Galiza do agro,
do arado de pau,
do carro (¡árdelle o eixo!),
do estrume no quinteiro,
dos zocos, da lama,
do pan de broa.
Vida y muerte, generaciones de amores a la puerta del zaguán antes de que anocheciera.
Contos de medo arredor da lareira. 
Camas con xergóns de carochas de millo no piso enriba das cortes das vacas, para aproveitar a caloriña.

E velaí a casiña da avoa, e unha pequena historia:

- 

Entre esas paredes hubo mucha vida: generaciones de hombres y mujeres, desde hace... tal vez 200 años. Siempre son las mujeres las que transmiten historias de madres a hijas, y mi madre me contó lo que le había contado la suya, y "la Tia María", quienes a su vez habían recibido la historia de otras mujeres... Tal vez ni supieran donde estaba Francia, pero contaban que los franceses tomaron la casa como caballeriza. Que los aldeanos escapaban a los montes con el ganado porque los soldados todo se lo llevaban. Que mataron a los de la casa, menos a una niña María que se escondió en un arcón. La niña María estuvo allí calladita durante tres dias y tres noches, por eso salvó su vida. Cuando la niña María tuvo 15 años "casou con un que veu da montaña"... y ese es el referente más antiguo. 

Miña avoa era filla de solteira. Na casa vivian miña bisavoa e unha irmán súa (a tía maría).  A bisavoa casou mais tarde e mudouse un par de casas máis alá, co seu flamante marido Calvo (que non e que non tivese pelo), e tivo outro fillo. A avoa quedou na casa, sendo unha meniña, e coidando dela, a tia María.
Nunca casou a tía María, tiña un carácter doce e cariñoso, e acariñaría ós fillos que un día tería súa sobriña Secundina, miña avoa, de carácter máis duro, que todo se lle volvía traballar.

Secundina se casó con José, que venía de San Miguel de Castro, y con él tuvo 4 hijos, cuando tuvo el último ya pasaba de los 40 años. Como mi madre, que me tuvo a mí a los 42. Así que la abuela nació allá por el final del siglo XIX y murió en los años 60, de la enfermedad de parkinson. Al hacerse mayor se volvió de misal y rosario. Y cuando el parkinson avanzó, solo quería comer sopitas de pan de brona en vino tinto con azúcar.  

Su marido José murió más joven, de algo sin nombre, pero de mucho toser. Mucho antes de nacer yo. El abuelo cuando ya respiraba muy mal, se iba a dormir por las noches a una carballeira que lindaba con la casa, e deitabase alí, debaixo dun carballo grande, tapado cunha manta, porque alí atopaba máis aire do pouquiño que lle chegaba ós pulmóns.
Aunque antes de pensar en morirse llevó una vida bastante azarosa: se lió con la Coxa, (¡y dicen que también con la hermana de la coja!) -según él solo iba con ellas a jugar a las cartas- Estas hermanas vivían de alquiler en una pequeña casa propiedad de mi abuelo. --Muchos años más tarde el abuelo mujeriego le regalaría a mi madre esa casita (y en ella nací yo)--. Pero en tiempos da Coxa, mi madre y su hermano, que eran unos niños, un dia pillaron a la coja a solas en un prado, y le exigieron que dejara a su padre, (demasiadas partidas), y la conversación la terminó mi madre arreándole a la pobre coja con la sacha. Cuando cayó al suelo, los niños la dieron por muerta, asi que huyeron al monte, para que no les llevase presos la Guardia Civil. Después de anochecer toda la aldea anduvo buscándolos con farolillos y fachos... porque la coja no murió, y disfrutó de buena salud durante muchos años más. Secundina dejó a José por la presión de parientes y vecinos, pero a escondidas, se veía con su marido infiel en un pajar de piedra cercano --que hoy forma parte de una bonita casa en la que viven su nieto y su biznieto, (que imagino no conocerán esta historia)-- En ese pajar engendraron a su benjamín y, claro, no les quedó más remedio que volver a vivir juntos, no era cuestión de que mi abuela anduviese por ahí con la barriga sin que se supiese quien era el padre.


La tia bisabuela María, la que había mimado a sus sobrinos nietos, cuando era muy viejita andaba encorvada encorvaaaada, y la cabeza casi se le juntaba con las rodillas, y siempre llevaba un bastón. Tampoco yo la conocí, pero mi madre me hablaba continuamente de ella. Significó mucho en su vida. 


A casa da avoa e agora unha casa soiña, baldeira, ferida, rota, caída...


La primera escuela de la aldea se construyó durante el breve periodo de la República, así que no creo que antes supiesen leer ni escribir... para ellas la miseria formaba parte del orden natural de las cosas. Las ciudades, si es que existían, eran lugares ajenos, distintos, con otra lengua, con otra cultura.
La aldea vivía al margen del tiempo, con su arado romano, trabajando duramente la tierra, siguiendo las estaciones no por el calendario si no por las labores: la siembra, la siega, "a malla", la vendimia... y por las romerías: san martiño, santa mariña, o carme, o couto

La casa de mi abuela y bisabuelas era un mundo autosuficiente: ella y sus habitantes se bastaban a sí mismos: verduras, cereales, frutas, carne, leche, huevos...


O vertedeiro. A un lado el sitio para la sella del agua.

Con ese sistema de dividir la herencia entre todos los hijos se fué empobreciendo, pero parece que hubo un tiempo en que en la bodega habia vino para todo el año, y jamones, y chorizos colgando del cañizo, sobre a lareira. Se cocían buenos panes en el horno, y el horreo estaba lleno... 

Por el camino que pasaba al lado del horreo, mi joven abuelo regresó de la Habana y traía ropas de cama, ¡bordadas!, en un enorme baúl... ¡y un reloj de pulsera como regalo para una dama! una damita que huía de él y escondía sus ojos de su mirada, porque no le reconocía, ya que no le había visto desde que tenía tres años. Era su hija, mi madre.

Y en uno de los pilares de ese mismo horreo sacudió un hombre su sombrero, (hay diferentes versiones acerca del parentesco), cuando regresaba de la "guerra de África".  En el lugar quedó una sombra oscura. Esa mancha eran cientos de piojos.

(Recuerdo vagamente ese horreo, ya torcido, con sus maderas de un rojo desvaído por la intemperie, y sus pies de piedra, su escalera para subir... Pero hace muchos años que ya no está en pié)

Na casiña da avoa, agora as figueiras medran silvestres. A viña non ten quen a pode e os vellos bacelos quedan enterrados entre as silveiras. Os ferrados do centeo onde se medía para levar o gran a moer ao muiño están comestos da polilla. As pás do forno apodreceron. Na bodega quedan vellos pipotes baldeiros. As vigas da casa venceron... e a porta da entrada, onde ainda se ve o burato que din que o fixo o trabucazo dun soldado francés, xa non pecha nada.

Por iso a chave quedaría esquecida onde a agochaban...

2007 casa de la abuela chave


Una estampa de otros tiempos

Publicado en 4 de Agosto, 2007, 14:34. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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Tal dia como hoy, 4 de agosto, me casé por la iglesia.

Sin sentirme católica, solo por no disgustar a mi madre. Mi entonces queridisimo novio era ateo perdido, así que él lo hizo por complacerme a mí. Algunos años más tarde recordaría este dia con tristeza, porque todo ya es nada, como dice Aute... (pero no resultó "nada", porque nació mi hijo que es lo mejor que me ha pasado, y un montón de vivencias, ti xa me entendes).

Y hoy, que el cerebro hizo sonar la alarma sin importarle si sirve o no ("4 de agosto, 4 de agosto... esto era algo" ) lo trajo a la agenda del día. Y es bonito poder recordar a la que fui, sin sentir la frustración de ningún proyecto truncado, sin rabia, sin dolor, sin melancolía, sin morriña. Al contrario, con un poco de ternura por la inocencia y la fe de aquellos dos jóvenes que se querían y no supieron como hacerlo.

Hoy ya no lo siento un aniversario de nada.
Es solo una estampa de otros tiempos.

Y miro el instante que ha fijado la fotografía

*Cuando muchos dias después vi las fotos, me sorprendió con agrado que este preciso instante quedase ahí, suspendido, y quizá por eso nunca lo olvidé, porque la foto me llevó allí mismo, cada vez que la ví, al momento en que al bajar del coche le apreté la mano, busqué sus ojos y le dije con los mios:
"en el medio de todo este follón no me olvido que somos tu y yo, y estoy aquí, contigo."
Después nos envolvió la telaraña de la ceremonia, los invitados, los nervios...







Volviendo al mismo punto

Publicado en 20 de Julio, 2007, 17:33. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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seguramente volveré a vivir a ese piso, al mismo sitio que dejamos mi hijo y yo hace diez o doce años. volver allí supone algo más que cambiarme de casa. tiene un significado pero no sé cual. algo inquietante que se me escapa. Puediera ser que en cada mudanza existía una proyección hacia el futuro, aunque incierto. Y esta vez es un regreso al punto de partida. como cerrar un círculo.

Ayer estuve por primera vez en el piso de mi hermana desde el dia que la enterramos. Casi han pasado dos años y, curiosamente, las cosas más tontas son las que mas me hirieron: el calendario de mesa con el mes de octubre, cuando la llevamos al hospital. Su dieta sujeta con un imán en la nevera. Las plantas secas. El polvo sobre los muebles que ella tenía siempre relucientes. Entre las baldosas de la terraza crecieron hierbajos. En el cajón del baño aun están sus medicinas.¿Por qué la casa cambió tanto en menos de dos años? todo parece ajado y envejecido. Su marido, cuando se fué se llevó todo: su colección de cristal, su porcelana china, sus joyas... quedaron los muebles, desnudos.

Allí había vivido ya durante 10 años: recuerdo cuando llegué a ese piso vacío para comenzar una nueva vida de recién separada, con mi niño de tres o cuatro años y la tristeza taponando mis poros. En esa casa pasó mi hijo su infancia. Tengo malos y bonitos recuerdos. Aunque ahora el piso está cambiado porque se reformó, sigue siendo el mismo. Aun tiene el pasillo donde mi niño veía un toro y por eso no quería irse solo a su habitación. Y seguirán sus cocodrilos imaginarios en el tejado. Podría ver salir algun hombre -que ya no tiene nombre-, metiendose la camisa por dentro del pantalón mientras le despido en la puerta. Y escuchar la respiración pausada de mi amado mientras dormía a mi lado, pero ausente de mi, con su corazón en otra parte.  y, como un holograma seguirán allí los "aparcamientos" de decenas de coches en miniatura que se montaba mi hijo pequeñito. Y los uhgg, ahgg de sus juegos de lucha en la video consola mientras yo le regañaba para que estudiase. Y cuidé a mi madre, sin dramas, en su larga pero tranquila enfermedad.
Y se hacían todas las reuniones familiares: acampábamos como gitanos un montón de personas durante el verano... novios incluídos, durmiendo hasta en la terraza!

Habitan la casa risas de adolescentes y sombras de muerte.


Cuando me marché de ése piso, emprendía algo nuevo, no sabía el qué. Ese qué fueron casi 12 años. La vida, que pasó: morir mi madre, arrancar de mi corazón quereres, ilusionarme con fantasias inexistentes, la adolescencia de mi hijo, y que se va, y que vuelve, y la terrible enfermedad de mi hermana, y su muerte.

Mi hijo y su parque móvil


Tumbas y recuerdos

Publicado en 20 de Julio, 2007, 12:14. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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Fuí a la aldea donde yo nací, donde antes nació mi abuela, y luego mi madre. Y donde están enterradas.



Me paré un momento a dejar una flor en su tumba. Se escuchaba alboroto de pájaros a la hora de la siesta en el pequeño atrio que rodea la iglesia románica, cementerio por cientos de años. Ese atrio donde ella tantas veces estuvo, de niña jugando, de joven luciendo su vestido nuevo. Siguiendo la procesión, hablando con las vecinas a la salida de misa. Llorando sus lágrimas de madre enterrando hijos, o de huérfana en su madurez...

Ella estaba en el aire, volvió a la tierra donde nació, junto a todos los que la precedieron...

No sentí pena, era como si continuara existiendo en la luz y los sonidos de su aldea, contenida toda en una: de joven, de vieja, de huesos, y algún día... de polvo.

Esa mujer solo existirá mientras yo exista. Y luego nadie más podrá imaginarla de niña jugando, de joven luciendo su vestido nuevo. Ni recordarla en la procesión o hablando con sus vecinas. La luz de la tarde, los cantos de pájaros y los sonidos de las chicharras ya no hablarán de ella nunca más. Los muertos solo existen mientras alguien los recuerda.


la máquina del tiempo

Publicado en 12 de Julio, 2007, 0:24. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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voces, risas, carreras, caras, nombres, vinieron del pasado, pasaron a mi lado sin verme. niñas con el pelo mojado salian de la ducha; merendaban manzanas o chocolate; se reunían en corrillos. tocaba la campana del patio, y corrían a la fila. a la fila para comer (los jueves caldo gallego y tortilla); a la fila para dormir. las niñas colocando la colcha haciendo pliegues plisados en las esquinas...
todas fantasmas imaginarios, porque ya ninguna habita ese espacio. esas niñas ya no existen. ya no existimos.

*esta mañana, más de 30 años después, volví a entrar en el internado en el que pasé 5 años de mi vida. (fueron buenos años, aunque me perdí vivir cosas importantes que ocurrían fuera, pero esa es otra historia)
están reconvirtiendo el edificio para otros usos. pronto del antiguo colegio no quedará nada más que la fachada, o tal vez ni eso. estuve en los dormitorios, en la enfermería, en la antigua capilla, que ahora s un trastero. en los pasillos, debajo de la capa de polvo, todavía se distinguía el color del sintasol que tantas veces tuve que fregar.

las paredes hicieron de máquina del tiempo, y horas más tarde aún estoy emocionada: no todos los días se viaja al pasado.


que significan 26 años de amor?

Publicado en 27 de Junio, 2007, 0:15. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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como un tejido de punto (uno del derecho, dos del revés),
entremezclados los días y los años fueron sucediéndose y formaron mi vida hasta hoy.
tantos días diluidos en lo cotidiano, fueron presente en cada instante: amores, miedos, trabajos, ilusiones, soledades, sorpresas, bostezos, angustias, risas, desamores.

-

*a las 12 de la mañana se cumplirán 26 años del nacimiento de mi hijo.

**durante 9 meses esperaba la llegada de ese desconocido que sabía que iba a cambiar mi vida, pero no sabía cuánto. esta cosita pequeña que pusieron en mis brazos me llenó de un sentimiento tan profundo, de una ternura, de una felicidad y al mismo tiempo de un temor que todavía no se me ha pasado. ¿cómo no voy a ser pesada con mis abrazos?. durante años fue como si el cordón umbilical nos uniese, era como un apéndice de mi misma: me necesitaba continuamente. después dejó de necesitarme, así que también me llevará años acostumbrarme a que el cordón ya no existe

dos de mis grandes amores: mi hijo y mi madre. ella no está.


la torre y recuerdos

Publicado en 19 de Septiembre, 2006, 2:03. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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los días de viento suele haber gente volando cometas en el campo de la torre de hércules. 
mientras paseo nos veo volando nuestra cometa: mi niño de 8 o 10 años y yo.
 en mi recuerdo reconstruído tenía forma de algún animal mitológico, tal vez una serpiente...voy a atribuirle la forma de un dragón: casi puedo ver como caía hacia nosotros con sus ojos rojos amarillos, embistiéndonos, y cómo corríamos, chillando y riendo.
.
Catxirulo
foto de SKUATIN

Maternidad

Publicado en 27 de Junio, 2006, 21:53. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.
Fragmento de "Maternidad" José Pedroni.
.

Hoy ha cumplido mi hijo una edad redonda. Y ya me dijo que empieza a ver los cumpleaños de otra manera.
Todos los 27 de junio me pongo nostálgica. Recordando cuando nació y cuando era pequeñito. Hoy estuve viendo las fotos de cuando cumplió 14, que fué un cumpleaños muy especial para mí. Intuía que sería el último cumpleaños de "niño", y me lo llevé lejos de todo, en medio de los montes de O Courel.
Quería despedirme de su infancia estando los dos solos, como el día en que nació: él y yo. 
Recordé que había escrito algo para no olvidar aquel fin de semana, y lo busqué en mi "caja de recuerdos":
.
"O camping ó que fomos o meu neno mais eu, parecía o mismo sitio onde alguén escribiu estes versos:
   "Courel dos tesos cumes que ollan de lonxe!
   Eiquí sentese ben o pouco que é un home..."
Alí, rodeado polas montañas, enterrado, parecía un niño de paxaro descomunal.
Ainda que era xuño, á cerradiña da noite houbo tormenta: ó primeiro eran só os raios e os lóstregos, aproximandose a cabalo de nubes negras, impresionantes naquela soidade. O derradeiro resplandor do sol de ese dia iluminaba unha hermida, abandonada alí, en ningures. Ela, branquiña e soa, parecía unha pantasma; ¡resaltaba tanto no medio do verde que o enchía todo...!. Despois, cando xa colleramos o sono, descargou a tormenta: chovía porriba da tendiña de acampada, gotas gordas coma garbanzos. Espertei cos tronos e co soño que tiven, arrepiante: electrocutábame cun raio que caia á miña beira en Rubine-esquina coa praia de Riazor. Cando os peliños que se me puxeran de punta volveron ó seu, tentei ler, pero non tiña pilas a linterna. A radio non collía emisora ningunha, alí naquel burato. Só podía quedarme alí, escoitando as pingadas gordas resoando na tenda que me relembraban a infancia, alá en Dornelas, á chuvia no tellado.
Pero ó outro día o sol brilaba no ceo, os paxaros cantaban, todo arrecendía a frescura, e sí que se lle podía chamar a eso "estrenar o dia", como si nunca antes tivera existido outro. Pero existira: outro 27 de xuño de facía 14 anos, cando naceu Fernando. Ás 12 do mediodía. E agora eran as doce menos dez e estabamos a falar deste asunto: Fernando preguntaba qué sentía eu aquel día do seu nacemento, como era él... foi unha conversa tierniña e divertida, e sentiamonos moi cerca. Voltabamos de querer percorrer a Devesa, un intento pola miña parte de practicar trekking, fallido, ainda que tampouco foi un desastre total. Polo menos tenteino.
No album de fotos  quedan as testemuñas de esa fin de semana diferente de tódolos outros cumpleanos.
Nunca, mentras non morran as miñas neuronas o esquecerei.



A casa do médico

Publicado en 21 de Enero, 2006, 23:32. en PRETÉRITO IMPERFECTO.
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Vin por casualidade un artículo dedicado a Reimóndez Portela que publicaron o ano pasado  NA solaina de Piloño, espertou un recordo durmido, unha lembranza na miña lingua: a casa do médico.

Cando miña nai tiña 42 anos,
foi ver ó médico dos pobres, Portela,
que atendía a xentiña de varias leguas á redonda. 

Dixolle a don Manuel que lle doia o estómago, e que vomitaba todo o que comía. Xa lle escribira don manuel uns remedios na receita, e iba miña nai cara á porta cando lle dí él: "e logjo tí, non estarás preñada? vouche facer unhas probas do sangue". Ela calou un anaquiño e dixo: "non fai falta don Manuel, agora que vostede o di, vaille ser eso" E velaí estou eu.

Anos despois fun eu a que recorrín varios km. por camiños que xa non están, agarradiña da mau da miña nai corentona, para que don manuel me curara o crup diftérico.

A casa do médico tiña un xardín con rosas, e, para mín, que tiña as ventanas encarnadas.